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Bebés y niños
Roséola
La roséola o exantema súbito se caracteriza por fiebre de hasta 40 grados seguida de un sarpullido rosado que no causa picor. Es una infección benigna que cura sin secuelas, pero conviene conocer sus síntomas y tratamiento.
Escrito por Dra. María Teresa Romero Rubio, Pediatra

Tratamiento de la roséola y prevención

Médico suministrando medicamentos a una niña

El tratamiento de la roséola se basa en administrar fármacos para aliviar los síntomas.

El tratamiento de la infección por roséola es sintomático, ya que no hay un tratamiento específico para este problema. Los antitérmicos, analgésicos y antiinflamatorios, como el ibuprofeno y el paracetamol, son los más utilizados para calmar los síntomas típicos de esta enfermedad.

En el caso de que aparezca una convulsión febril por ascenso rápido de la fiebre, se recomienda a los padres intentar bajarla por medios físicos (como por ejemplo poner compresas con agua tibia en frente, nuca y axilas) y acercarse al centro de salud más cercano, donde se administrará medicación rectal (diazepam) que hará que la convulsión cese rápidamente. En ocasiones se derivará al niño al hospital para tenerlo en observación. La presencia de crisis febriles no implica riesgo de epilepsia, aunque sí que pueden repetirse los episodios de fiebre elevada en otras infecciones. Por eso, si un bebé tiene el antecedente de una convulsión febril, se suele dar a los padres diazepam rectal para que lo administren ellos en casa si le vuelve a ocurrir.

No existe vacuna para la roséola, por lo tanto, la única forma de evitar su contagio es la prevención: para ello es fundamental lavarse correctamente las manos, utilizar pañuelos de papel cuando se está resfriado, y mantener una higiene adecuada en las guarderías. Pese a todo, casi la totalidad de los niños la han pasado a los tres años de edad. 

Actualizado: 25 de Abril de 2017

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'Fuente: 'Universidad Clemson (Carolina del Sur, Estados Unidos)''

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