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El desarrollo del cerebro alarga la infancia humana

La infancia de los seres humanos es más larga que la de otros primates debido a que, para desarrollarse, el cerebro de los niños necesita el doble de glucosa que el de un adulto, lo que ralentiza el crecimiento físico.
Niña junto a una pizarra con un dibujo de un cerebro humano

El aprendizaje precisa un cerebro complejo que consume mucha energía

27 de Agosto de 2014

Los seres humanos tienen una infancia muy larga en comparación con otros primates, sus parientes animales más cercanos y, de acuerdo con las conclusiones de una investigación realizada por antropólogos de la Universidad Northwestern en Evanston (Illinois, EE.UU.), esto se debe a que, para desarrollarse, el cerebro de los niños necesita el doble de glucosa que el de un adulto, y esta alta demanda de energía de un solo órgano hace que el ritmo de crecimiento físico de las personas durante la niñez sea más similar al de un reptil que al de un mamífero.

Tal como explica Christopher Kuzawa, profesor de Antropología en el Colegio Weinberg de Artes y Ciencias de Northwestern y primer autor del estudio, durante la infancia el cerebro en desarrollo consume una enorme cantidad de recursos, ya que los seres humanos tienen mucho que aprender, y este proceso de aprendizaje precisa un cerebro complejo que necesita mucha energía para alimentarse.

Los investigadores analizaron datos obtenidos mediante tomografía por emisión de positrones (PET) y resonancia magnética, que exploran el cerebro y miden la absorción de glucosa y el volumen de este órgano, respectivamente, y comprobaron que los años en los que el cerebro consumía una mayor cantidad de energía eran aquellos en los que el crecimiento corporal es más lento.

El cerebro de los niños necesita el doble de glucosa que el de un adulto, y esta alta demanda de energía hace que el ritmo de crecimiento físico sea más lento

Los resultados del estudio mostraron que a los cuatro años de edad el cerebro infantil necesita el 66% del total de recursos que utiliza todo el organismo en reposo, lo que avala la hipótesis de que los niños crecen lentamente y durante muchos años porque el cuerpo tiene que desviar una gran cantidad de energía al cerebro.

William Leonard, coautor del trabajo, señala que los hallazgos del estudio sugieren que la evolución de los seres humanos derivó hacia este crecimiento lento precisamente para dejar suficiente energía al cerebro, una demanda –mucho mayor que la de otras especies de primates– que era necesario compensar enlenteciendo el desarrollo del resto del organismo.

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