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Bebés y niños
Cómo inculcar hábitos de estudio en los niños
Te explicamos cómo y cuándo inculcar unos buenos hábitos de estudio en los niños, que permitirán a tu hijo optimizar su tiempo y esfuerzo, y contribuirán a que su rendimiento académico mejore progresivamente.
Escrito por Álvaro Saiz, Psicopedagogo y maestro de educación infantil

Consejos para mejorar los hábitos de estudio y sus resultados

Salvo casos excepcionales de niños que trabajan mejor sin una estructuración del tiempo y del ambiente –de estos puede darse un caso por cada 1.000 alumnos–, la gran mayoría son mucho más eficientes y mejores estudiantes si cuentan con hábitos de estudio apropiados.

Pero, ¿qué ocurre si a pesar de tener un hábito de estudio estable no se consiguen unos buenos resultados? No debemos caer en el error de culpar al niño con un ‘es que es tonto’, o pensar que el tiempo que dedica a estudiar no sirve para nada. Lo más probable es que simplemente haya que cambiar ciertos patrones durante el tiempo de trabajo.

Partiendo de la base de que cada persona es diferente, y que lo que funciona para unas puede ser incluso contraproducente para otras, existen, sin embargo, unas pautas adecuadas de estudio que pueden servirte para ayudar a tu hijo a mejorar su rendimiento académico:

  • Ser realista en las tareas y el tiempo que llevarán. El niño debe aprender a no engañarse pensando que en cinco minutos va a aprender toda una asignatura, o que hará muchos ejercicios en dos minutos. Este tipo de pensamientos son muy propios de quienes no organizan adecuadamente sus tareas. Para solucionar esto, lo mejor es diseñar un calendario donde se marquen las fechas de los exámenes o de los trabajos que hay que realizar, para repartir el esfuerzo de manera proporcional en todos los días hasta la fecha límite.
  • Repasar y repasar. Es una máxima que repetimos para que quede clara su importancia, y porque es tan necesario hacerlo con los apuntes que se han tomado en clase, como con los ejercicios realizados, con los trabajos que hay que entregar y, por supuesto, con todo aquello que se ha estudiado para un examen. Repasar permitirá enmendar los errores a tiempo, y hará que los resultados sean mejores, puesto que exige un trabajo diario con las diferentes asignaturas.
  • Subdividir las tareas. A veces son demasiado largas y al niño le cuesta mucho visualizar el final, especialmente si es muy pequeño. El hecho de dividir una tarea en varias pequeñas permite que el estudiante vaya viendo alicientes que suponen un estímulo y una motivación para alcanzar la meta final, que es terminar la actividad. Por ejemplo, si tu hijo tiene problemas con las multiplicaciones y debe hacer 20 para dentro de dos días, le puedes dividir la tarea de forma que haga diez cada día, concretamente cinco al empezar a estudiar y cinco justo antes de terminar. A los ojos del niño serán tandas de cinco multiplicaciones, que son mucho más asumibles que una sola de 20. Además, en este punto es necesario reforzarle cada vez que termine una sub-tarea, esto le motivará y hará que tenga una mayor predisposición para seguir trabajando.
  • Encontrar la técnica adecuada para optimizar el tiempo y mejorar el rendimiento. Hay varias para ello, y debemos descubrir cuál es la mejor en cada caso. Algunas personas rinden más haciendo esquemas que organizan de una manera más visual la información, otros hacen un resumen que reduce la información, adaptándola a su forma de expresarse, y hay quien prefiere la pura memorización de todo el contenido, porque tiene esa capacidad. También nos encontramos con quienes adquieren mejor los conocimientos elaborando preguntas del tema y contestándolas, otros se sirven de reglas nemotécnicas, otros utilizan información visual (vídeos)…, y existen muchas más técnicas, el objetivo que tenemos que marcarnos es descubrir cuál es la más adecuada para nuestros hijos.

Con un hábito de estudio bien definido y la técnica más ajustada a cada niño, el rendimiento crecerá exponencialmente, y el fracaso del hábito de estudio se reduce casi hasta el imposible.

Actualizado: 31 de Julio de 2017

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Escrito por:

Álvaro Saiz

Psicopedagogo y maestro de educación infantil
Álvaro Saiz

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