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El bebé prematuro mejora con la interacción materna

Las madres que aprenden a reconocer los signos que indican que su bebé prematuro tiene hambre, e interaccionan hablándole y dándole suaves masajes, ayudan a que pueda alimentarse de forma eficaz con biberón.
Bebé prematuro

Hablar y acariciar al bebé prematuro favorece su desarrollo neurológico

09 de Abril de 2015

Las madres que aprenden a reconocer los signos que indican que su bebé prematuro tiene hambre –señales más difíciles de percibir que en el caso de las que muestran los bebés nacidos a término–, y satisfacen en seguida esta necesidad, además de interaccionar con él hablándole en un tono suave y relajado y realizándole suaves masajes para estimular su desarrollo neurológico, consiguen que el pequeño desarrolle antes el control muscular necesario para alimentarse eficazmente con biberón, según las conclusiones de un estudio publicadas en Journal of Perinatology y en Advances in Neonatal Care.

Las madres que aprenden a reconocer los signos que indican que su bebé prematuro tiene hambre, y le hablan y le hacen suaves masajes, logran que desarrolle antes el control muscular necesario para alimentarse eficazmente con biberón

Los bebés pretérmino con frecuencia no están lo suficientemente desarrollados como para alimentarse solos porque el control muscular necesario para ello no se desarrolla completamente hasta la semana 34 de embarazo, y los que nacen antes de esa fecha generalmente necesitan alimentarse mediante una sonda nasogástrica (un tubo que se inserta a través de la nariz y pasa por la garganta para llegar al estómago).

La correcta alimentación de estos niños es clave, porque si no consiguen aumentar de peso lo suficiente tienen un riesgo más elevado de sufrir retrasos y alteraciones en sus habilidades cognitivas y motoras, como ha explicado Valerie Maholmes, directora de Trauma Pediátrico en la Subdivisión de Enfermedades Críticas del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver, que forma parte del organismo que financió la investigación.

Por ello, los investigadores desarrollaron un programa de intervención que enseñaba a las madres a activar al bebé antes de alimentarlo y a estimular su conducta social y su desarrollo neurológico. Los buenos resultados conseguidos sugieren que esta intervención precoz puede convertirse en una herramienta que contribuya a compensar en alguna medida los retrasos que suelen presentar estos niños tan vulnerables, así como a proteger su salud a largo plazo.

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