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Belleza y bienestar
Síndrome de la clase turista
La combinación de falta de espacio y de movilidad, deshidratación, y otros factores predisponentes del síndrome de la clase turista, puede hacer que un viaje largo pase de ser una tortura, a un problema mayor: una trombosis.
Escrito por Eva Salabert, Periodista experta en salud

Causas y complicaciones del síndrome de la clase turista

Para entender las causas del síndrome de la clase turista hay que pensar que, si permanecemos sentados y sin movernos durante un tiempo prolongado, como ocurre cuando viajamos en avión, se reduce el flujo sanguíneo de retorno al corazón. El retorno venoso funciona gracias a distintos mecanismos: al caminar apoyamos la planta de los pies y presionamos sobre la red venosa que impulsa la sangre hacia arriba, y también los músculos de los gemelos activan la circulación al contraerse durante la marcha. Es fácil comprender que si estamos sentados y las piernas carecen de actividad, se dificulta la ascensión de la sangre hacia el corazón, y se facilita la retención de líquidos en las piernas, lo que incrementa la presión sobre los tejidos, y también contribuye a reducir el flujo sanguíneo de retorno.

Si a la dificultad del retorno venoso le añadimos otros factores de riesgo del síndrome de la clase turista –que se describen en el siguiente apartado– la consecuencia puede ser la formación de un coágulo en la pared de la vena, que se conoce con el nombre de trombo y que supone un obstáculo más para el retorno de la sangre.

En casos excepcionales, una parte del trombo puede llegar a desprenderse y alcanzar los pulmones a través del flujo sanguíneo. El bloqueo de una arteria pulmonar debido al coágulo se conoce con el nombre de embolia pulmonar, y es una patología grave que puede ocasionar un daño permanente en el pulmón afectado, bajos niveles de oxígeno en la sangre, así como perjudicar otros órganos si estos no reciben suficiente oxígeno.

Los síntomas que pueden alertar de la aparición de una embolia pulmonar son sensación de falta de aire, ansiedad, mareos, dolor torácico o tos con sangre, pero casi la mitad de los afectados no presenta síntomas, por lo que resulta difícil detectarla y hay que estar atento a las molestias en las piernas que pueden indicar la presencia de un coágulo (calor, inflamación, hormigueo, dolor, enrojecimiento…).

Actualizado: 17 de Agosto de 2017

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