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Tercera edad
Balneoterapia, agua que cura
Se basa en la hidrología médica, y emplea aguas con propiedades mineromedicinales para prevenir y tratar numerosas afecciones. Te contamos los beneficios que supone para tu salud una visita al balneario.
Escrito por Eva Salabert, Periodista experta en salud

Aguas mineromedicinales

Aguas mineromedicinales

Las distintas variantes de aguas mineromedicinales se suelen diferenciar por su temperatura y mineralización.

Las aguas mineromedicinales deben cumplir una serie de requisitos para adquirir esta denominación, y ser declaradas de utilidad pública por los organismos competentes en la materia. Para ello, deben estar dotadas de propiedades concretas (especialmente su mineralización y temperatura), que les confieran la capacidad de ejercer una acción terapéutica, y sus características han de mantenerse constantes.

Se pueden clasificar de diversas formas; algunas clasificaciones atienden a sus características físicas, y especialmente a su temperatura, y en ese caso se comparan con la temperatura del cuerpo humano. La clasificación más aceptada en relación con la temperatura considera mesotermales a aquellas cuya temperatura oscila entre 35 y 45 ºC, hipotermales (entre 20 y 35 ºC) e hipertermales (por encima de 45 ºC). Sin embargo, la clasificación más habitual es la que se basa en la mineralización predominante y especial que pueden contener, y los principales grupos en que se dividen las aguas mineromedicinales de acuerdo a su composición son:

  • Aguas sulfatadas: el anión sulfato es predominante. Favorecen el peristaltismo intestinal y protegen el hígado, por lo que se utilizan habitualmente para aliviar problemas digestivos y trastornos biliares.
  • Aguas cloruradas: el anión cloruro es predominante, aunque contiene una proporción similar de sodio. Sirven para tratar procesos respiratorios y cutáneos, y se consideran antiinflamatorias y desinfectantes. Si se administran por vía oral facilitan la secreción y motilidad gástrica e intestinal.
  • Aguas sulfuradas: contienen sulfuro y sulfuro de hidrógeno, y materias orgánicas. Son desintoxicantes, antialérgicas y antirreumáticas. Se emplean principalmente en procesos respiratorios crónicos, reumáticos, dermatológicos y otorrinolaringológicos.
  • Aguas bicarbonatadas: el anión bicarbonato es predominante, se suelen administrar por vía oral, y actúan como antiácidos y alcalinizantes. Son beneficiosas en caso de gastritis, acidez de estómago, hernia de hiato, trastornos de la vesícula biliar...
  • Aguas cálcicas: tienen propiedades sedantes, antiinflamatorias y antialérgicas.
  • Aguas carbónicas o carbogaseosas: contienen gas carbónico, bien de forma natural (el agua brota así del manantial), o bien porque ha sido añadido. Su consumo estimula la secreción de jugos gástricos y facilita la digestión, aunque está contraindicado para aquellas personas que padezcan gases.
  • Aguas radiactivas: su acción terapéutica se debe al radón y, a pesar de su nombre, no suponen riesgos para el paciente porque la dosificación habitual presenta concentraciones entre mil y cinco mil veces inferiores a las que implican efectos nocivos causados por la radiación. Son sedantes y analgésicas, y actúan sobre el sistema inmunológico, neurovegetativo y endocrino, por lo que se utilizan en el tratamiento de enfermedades respiratorias crónicas, trastornos psicológicos, problemas reumatológicos...
  • Aguas oligominerales u oligometálicas: su mineralización global no supera 1 gr/l. Estimulan la función renal, son diuréticas y modifican el pH de la orina, volviéndolo más alcalino y reduciendo el riesgo de formación de cálculos (litiasis biliar).
  • Aguas ferruginosas: tienen propiedades reconstituyentes, y están indicadas en casos de anemia ferropénica y fragilidad de uñas y cabello.

Las aguas mineromedicinales tienen distintos efectos sobre el organismo, dependiendo de sus componentes mayoritarios, y también pueden provocar en ocasiones efectos secundarios indeseados, como consecuencia de la propia composición del agua, la forma de administración del tratamiento, un error en la prescripción, o incluso una reacción inesperada del organismo del paciente. Por eso es tan importante que los tratamientos sean indicados y supervisados por profesionales sanitarios, atendiendo a las características individuales del paciente.

Actualizado: 1 de Marzo de 2017

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