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Belleza y bienestar
Fangoterapia
La fangoterapia es un tratamiento milenario que consiste en aplicar sobre la piel diversos tipos de fangos y barros para mejorar su aspecto, con el que además se pueden tratar algunos problemas médicos.
Escrito por Laura Saiz, Periodista especializada en deporte, belleza y bienestar

Qué es la fangoterapia

La fangoterapia es una terapia alternativa con mucha historia -ya en el antiguo Egipto se utilizaban cataplasmas de barros, en ocasiones enriquecidos con alguna hierba medicinal, para tratar ciertos dolores musculares o inflamaciones-, que consiste en embadurnarse cara o cuerpo con barros o fangos que contienen diversas propiedades beneficiosas, tanto desde el punto de vista estético, como medicinal.

Aunque la técnica se ha ido puliendo con el paso del tiempo, y actualmente se conocen mejor los efectos de los fangos en el organismo, la base continúa siendo casi la misma siglo tras siglo: cubrir la zona de piel a tratar con fangos, o una mezcla de barro y agua medicinal, y esperar unos minutos a que haga su efecto (normalmente cuando se seca), para después pasar a retirarla con agua.

En líneas generales, se puede decir que la fangoterapia tiene propiedades remineralizantes, purificantes, calmantes y estimulantes, aunque esto dependerá del tipo de barro utilizado, puesto que el contenido mineral de la tierra que se utiliza varía mucho de unos lugares a otros.

Tipos de fangos y barros

Aunque la fangoterapia engloba todos los tratamientos que se realizan con tierra, hay que diferenciar, en primer lugar, entre fangos y barros, puesto que los primeros se extraen de los fondos del mar, manantiales o lagos, mientras que los barros provienen directamente de la tierra. Esto hace que generalmente los fangos sean mucho más ricos en oligoelementos y, por lo tanto, más apreciados para tratar diferentes afecciones, o simplemente como tratamiento estético.

El barro más común es la arcilla que, a su vez, se puede encontrar en diferentes variedades con distintas cargas minerales y, por lo tanto, diversas aplicaciones médico-estéticas. Así, podemos encontrar arcillas verdes (la más común y usada para purificar la piel), amarilla, rosada, negra, roja, verde, gris, y hasta blanca, la única que puede ingerirse y ayudar a tratar problemas digestivos desde el interior del organismo.

La arcilla se extrae de capas profundas de la tierra y se somete a un proceso de filtrado y secado, que sirve para matar ciertos organismos microscópicos que pueden ser perjudiciales para el ser humano. Debido a que se distribuye seca, es necesario hidratarla con abundante agua mineral antes de aplicarla en la zona a tratar; esto permite, además, que se puedan añadir aceites esenciales, plantas medicinales, o aguas minerales específicas, durante su preparación, por lo que el tratamiento puede ser muy personalizado.

Los fangos, sin embargo, se extraen del fondo de mares, lagos, pantanos…, y se conservan con toda la humedad y riqueza de esas tierras y aguas. Aunque lo más común es aplicarse dichos fangos en origen, hoy en día la industria cosmética se ha encargado de distribuirlos mundialmente, lo que permite disfrutar de sus beneficios en los centros de estética, o en nuestra propia casa. Eso sí, hay que leer bien el etiquetado y asegurarse de que se trata de productos de calidad, ya que es muy frecuente encontrar mezclas que, aunque efectivas, contienen menos carga mineral que en origen.

Al igual que con la arcilla, también los fangos se puedes subclasificar. En este caso normalmente se realiza de acuerdo al origen del mismo. Así, los fangos marinos son ricos en sales minerales y algas microscópicas, lo que hace que sean ideales como drenantes, para activar la circulación sanguínea y atacar la celulitis. Por su parte, los fangos procedentes de ríos y pantanos tienen más carga en azufre y ciertos ácidos, por lo que suelen ser aconsejados para tratar lesiones musculares por su efecto sedante. Por último, los fangos extraídos en zonas volcánicas son muy ricos en oligoelementos, que hace que sean los más indicados para tratamientos estéticos, remineralizantes o regeneradores.

Actualizado: 20 de Enero de 2017

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Escrito por:

Laura Saiz

Periodista especializada en deporte, belleza y bienestar
Laura Saiz

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'Fuente: 'European Journal of Preventive Cardiology''