Alerta en Japón: riesgos de la contaminación radiactiva para la salud

Escrito por Eva Salabert, periodista experta en salud
Alerta en Japón: riesgos de la contaminación radiactiva para la salud
Traje antiradiación

Las explosiones que se han producido en la central nuclear de Fukushima, situada al norte de Japón, muy cerca del epicentro del terremoto, que alcanzó 8,9 grados en la escala Richter, han incrementado los niveles de radiactividad en sus instalaciones. Los expertos tratan de evitar que el sobrecalentamiento dañe el contenedor que alberga el núcleo del reactor, para impedir la liberación de material radiactivo a la atmósfera, que podría extenderse a miles de kilómetros, con graves consecuencias a corto y largo plazo, ya que puede contaminar el agua, las plantas y los animales, pasando de este modo a la cadena alimenticia y afectando a personas que en un principio no tuvieron contacto con las emanaciones radiactivas.

La catástrofe nuclear más grave de la historia ocurrió hace 25 años en Chernóbil, y el último informe del Comité Científico de la ONU sobre los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR) señala la dificultad para determinar si el aumento de cáncer en la población está directamente relacionado con el accidente. Aunque los expertos no se ponen de acuerdo en cuantificar las auténticas secuelas del escape nuclear, sigue existiendo un área de exclusión que abarca un radio de 30 kilómetros alrededor de Chernóbil, y se estima que 600.000 personas se han visto afectadas de alguna manera por la liberación radiactiva, y que la zona contaminada tiene una extensión de unos 150.000 kilómetros cuadrados.

En Japón, sin embargo, la situación es muy distinta; en Chernóbil el reactor estaba funcionando cuando explotó y no tenía contenedor. Además, los residentes en un radio de 30 kilómetros de las plantas nucleares que se han visto afectadas por el terremoto ya han sido evacuados como medida de prevención, y el gobierno nipón afirma que la radiactividad liberada hasta el momento no representa riesgos para la salud (ha reconocido una contaminación máxima de 1.557 microsievert, siendo 500 el nivel recomendable). Para hacernos una idea, dos milisieverts es la cantidad que habitualmente recibe una persona en un año debido a la radiación natural.

Efectos de la radiación sobre el organismo

La exposición a radiación es perjudicial para la salud y llega a ser mortal si se sobrepasan ciertas dosis. Se consideran enfermedades por radiación a todas aquellas afecciones derivadas de una exposición a emisiones radiactivas. Las personas no podemos ver ni detectar la radiación, pero los contaminantes radiactivos se acumulan en el organismo y, con el tiempo, su acción puede dar lugar al desarrollo de enfermedades como el cáncer.

La intensidad de las emisiones radiactivas se mide generalmente en una unidad conocida como gray (Gy). Cuando las mediciones alcanzan un gray ya se aparecen síntomas como malestar general, dolor de cabeza, fiebre, náuseas o vómitos y diarrea. Si las dosis de radiación superan los seis Gy, las posibilidades de supervivencia se reducen considerablemente, incluso aunque se afronten con el tratamiento adecuado. En tan solo unas semanas (en algunos casos incluso en algunas horas), una radiación de esa intensidad puede originar la muerte de una persona. Como los efectos de la radiación son acumulativos, si se trata de una exposición leve, pero continua, el peligro es similar.

Existen múltiples factores que determinan los efectos que puede provocar la raciación sobre el organismo: la dosis, el tiempo de exposición, y la zona corporal afectada. Cuando la dosis es muy alta, y generalizada, la persona puede presentar como hemos comentado  mareos, náuseas y vómitos, y la muerte puede llegar en un plazo muy breve de tiempo. En el caso de un accidente nuclear es muy complicado determinar la cantidad real de radiación que ha recibido un individuo, por lo que es preciso además observar ciertos signos para determinar la gravedad de la exposición como: cuánto tiempo ha pasado desde la exposición a la manifestación de los primeros síntomas, la severidad de los mismos, y las modificaciones sufridas en los glóbulos rojos.

Los síntomas más habituales en caso de exposición a radiación son:

  • Náuseas y vómitos.
  • Fatiga y debilidad.
  • Hemorragias.
  • Fiebre.
  • Dolor de cabeza
  • Diarrea.
  • Quemaduras en la piel.
  • Mareos.
  • Inflamación de las zonas expuestas.
  • Convulsiones.
  • Pérdida de cabello.
  • Hematomas.
  • Deshidratación.
  • Alteraciones intestinales.

Los trastornos que presentan con mayor frecuencia los supervivientes de una exposición a radiación son:

  • Cáncer: especialmente de tiroides, ya que esta glándula absorbe el yodo radiactivo. Tras el accidente de Chernóbil se incrementó notablemente la incidencia de este tipo de cáncer en la zona afectada. Otros contaminantes radiactivos, como el estroncio 90 y el cesio (C-137), se acumulan también en el organismo y son responsables de otro tipo de cánceres como el de huesos y los tumores cerebrales, además de debilitar el sistema inmunitario. Actualemente, los japoneses tenían una media de riesgo de mortalidad por cáncer del 20-25%. Según el profesor de la Universidad de Manchester Richard Wakeford, un experto en la exposición a la radiación, ese riesgo podría aumentar por la radiación actual entre un 2% y un 4%.
  • Alteraciones gastrointestinales.
  • Afectación de la médula ósea, que origina anemia, y puede ocasionar también leucemia.
  • Infertilidad o malformaciones en los descendientes por daños en los ovarios y los espermatozoides, que pueden conllevar cráneos pequeños, cerebros de menor talla, ralentización del crecimiento hasta problemas severos de aprendizaje.
  • Mayor incidencia de infecciones bacterianas y otras enfermedades, debido al debilitamiento del sistema inmunitario.

Pastillas de yodo

Aunque las autoridades internacionales informan de que el riesgo para la salud pública tras los accidentes en las plantas nucleares de Japón es “bastante bajo”, desde la Sociedad Española de Protección Radiológica (SEPR) advierten de la necesidad de distribuir pastillas de yodo para protegerse de la radioactividad que podría ocasionar un escape de los reactores dañados.

Según asegura el vicepresidente de esta entidad, Eduardo Gallego, a Europa Press, “la posibilidad de que haya riesgo para la población es más que remoto”, pero reconoce que, “pese a haber alejado a la población a más de 20 kilómetros de la zona afectada, si no consiguen refrigerar a tiempo el combustible se podría generar una nube radioactiva”. En este caso, explica Gallego en declaraciones a Europa Press, “el impacto más agresivo “es el que causa el yodo radioactivo, ya que se acumula mucho en la glándula tiroidea favoreciendo la aparición de cáncer de tiroides. Para evitar esto, se recomienda distribuir pastillas de yodo entre la población ya que así “la tiroides se satura de yodo no dañino para que, cuando el yodo radioactivo se inhale o se ingiera a través de los alimentos, el organismo no lo acumule y lo elimine”.

De hecho, asegura, “el principal error que tuvieron en la tragedia de Chernobil fue no distribuir entre la población estas pastillas”, lo que causó más de 6.000 casos de cáncer de tiroides entre la población cercana a esta catástrofe.

“Es un comprimido, como cualquier pastilla, y permite acumular yodo en el tiroides en un porcentaje elevado, de modo que cuando luego entra yodo radioactivo por la misma vía, se va a encontrar que el depósito ya está lleno y el organismo lo elimina por la orina”, ha explicado. Además, y aunque no conlleva ninguna contraindicación, salvo en pacientes con problemas de tiroides, este experto recuerda que su uso debe hacerse “bajo asesoramiento médico” y no debe producirse hasta que no haya más riesgo de radioactividad que el actual.

Mantener la calma

Ante los rumores que empezaban a circular vía sms y redes sociales por países como Filipinas y China, la Organización Mundial de la Salud ha salido al paso con un comunicado en el que intenta calmar a la opinión pública. Así, el reprentante de la OMS en China, Michael O'Leary, ha dicho que este organismo de la ONU quiere "asegurar a los gobiernos y a los ciudadanos que en este momento no hay pruebas de ninguna extensión internacional desde las instalaciones nucleares".

Y es que, las posibilidades de que una posible nube radiactiva se extienda más allá de la zona afectada son por ahora muy poco probables.

 

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Actualizado: 25/03/2014

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