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Glifosato, el herbicida ‘probablemente cancerígeno’

El glifosato, un herbicida muy usado en todo el mundo para eliminar malas hierbas en cultivos, jardines y solares es, según la OMS, probablemente cancerígeno, por lo que los ecologistas solicitan que se limite su uso.
Glifosato, el herbicida ‘probablemente cancerígeno’

Un operario fumiga una zona de campo público con el herbicida glifosato.

El glifosato es un herbicida ampliamente utilizado en la agricultura y para controlar las malas hierbas en los jardines y solares (tanto públicos como privados) en las zonas urbanas, y en cunetas y vías del tren. Los grupos ecologistas llevan años denunciando que esta sustancia –cuyo productor principal es la multinacional Monsanto, y que se comercializa bajo distintos nombres comerciales– tiene un importante impacto sobre la salud de la población y el medio ambiente y, en marzo de 2015, la Agencia para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud lo incluyó en la lista de sustancias probablemente cancerígenas para los seres humanos.

Los ayuntamientos de varias ciudades españolas han tomado la decisión de no utilizar productos que contengan glifosato para fumigar parques y jardines, y sustituir esta sustancia por métodos no contaminantes

El empleo del glifosato se autorizó en España en 1974, y su uso se ha extendido con rapidez gracias a su efectividad para eliminar malas hierbas, reduciendo los costes que suponía controlar este problema con medios mecánicos. Sin embargo, este pesticida es muy soluble al agua, se infiltra en el terreno y contamina los acuíferos, resultando tóxico tanto para la fauna acuática, como para el ganado y los animales domésticos; y diversos estudios han asociado este producto con un aumento del riesgo de sufrir distintos trastornos, como alteraciones hormonales, y enfermedades.

Monsanto, la empresa que comenzó a comercializar el glifosato con el nombre de Roundup, también ha desarrollado alimentos transgénicos –modificados genéticamente– como un tipo de soja, y posteriormente maíz, algodón o remolacha, entre otros, que son resistentes a la acción del glifosato, algo muy conveniente teniendo en cuenta que las malas hierbas han desarrollado resistencias a esta sustancia, por lo que ha sido necesario incrementar la cantidad de herbicida para combatirlas.

Qué dice la legislación sobre el uso de glifosato

Tras revisar estudios realizados sobre los efectos del glifosato, la IARC elaboró un informe, que se publicó en The Lancet Oncology, en el que afirmaba que había evidencias científicas de que esta sustancia puede provocar cáncer en animales de laboratorio, y que se había podido comprobar –aunque de forma más limitada–, que era carcinógeno para los seres humanos, a los que podía causar linfoma no Hodgkin, motivos por los cuales lo ha incluido en el grupo 2A, como ‘probablemente cancerígeno’.

La calificación de este organismo dependiente de la OMS, sin embargo, no afecta a la regulación del uso del glisofato, que es competencia de los gobiernos de cada país. Así, en el caso de España, la legislación permite el uso de este producto que, según la normativa de la Unión Europea, no es peligroso ‘ni para los seres humanos ni para el medio ambiente’. La EFSA y la FDA –referentes en salud y seguridad alimentaria– consideran que el glifosato es seguro siempre que se destine al uso en plantas.

Por su parte, asociaciones ecologistas como Greenpeace o Ecologistas en Acción, solicitan que se establezcan límites al uso no agrario del glisofato en España, porque consideran una amenaza su empleo masivo en parques, huertas, jardines, cunetas y caminos. Los ambientalistas proponen, además, alternativas para controlar las malas hierbas y plagas mediante métodos no químicos, como colocar suelos tapizados con vegetación natural controlada mediante siega y desbrozar la vegetación que se extiende por las cunetas, y mantener adecuadamente las zonas ajardinadas para prevenir que aparezcan áreas degradadas.

Con independencia de las recomendaciones de la Agencia Europea para la Seguridad Alimentaria (EFSA), algunos países como Francia –donde se ha prohibido su venta libre– han empezado a establecer medidas para limitar el uso del pesticida, y en España los ayuntamientos de varias ciudades (Tarragona, Barcelona, Zaragoza, Madrid…) han tomado la decisión de no utilizar productos que contengan glifosato para fumigar parques y jardines, y sustituir esta sustancia por métodos no contaminantes.

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10%
de la población española sufre dermatitis atópica
'Fuente: 'XII Congreso Mundial de Dermatología Pediátrica y la Asociación Española de Pacientes y Familiares de Dermatitis Atópica’'

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