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Kin-Ball, el deporte integrador

El kin-ball, caracterizado por su enorme pelota, es un deporte creado por un profesor de educación física para fomentar el trabajo en equipo, y evitar la discriminación por sexos o de aquellos con menos habilidades deportivas.
Participantes en un partido de kin-ball

Participantes en un partido de kin-ball. Pierre-Yves Beaudouin / Wikimedia Commons, vía Wikimedia Commons

Harto de ver la individualidad, la competitividad extrema y, derivado de ello, la segregación que suelen conllevar algunos deportes de equipo, no solo a nivel de sexo, sino también de niños que son excluidos por tener peores habilidades para desarrollarlos, en 1986 Mario Demers, un profesor de educación física canadiense, desarrolló en Quebec un nuevo deporte, el kin-ball, que fomenta precisamente la participación de todos –incluidos los menos dotados– y el compañerismo, entre algunos de los valores que escasean en otros deportes, como el fútbol o el baloncesto.

Desde aquella primera clase de gimnasia en la que la puso a prueba, esta práctica deportiva se ha popularizado y extendido por todo el mundo. Prueba de ello es que ya existe la Federación Internacional de Kin-Ball, que suma casi cuatro millones de practicantes federados, muchos de ellos en España, donde su práctica se ha generalizado hasta el punto de que en julio pasado el equipo jienense del Kin-Ball Martos Club se ha proclamado campeón del mundo júnior (12-15 años) en un torneo celebrado en la localidad francesa de Maubeuge, tras derrotar en la final a los equipos de Eslovaquia y Canadá, estos últimos los grandes favoritos.

Qué se necesita para jugar al kin-ball

El kin-ball se practica sobre un campo cuadrado y cubierto (generalmente un pabellón) de 20x20 metros, y requiere de un árbitro principal y otro auxiliar (este último solo en competiciones profesionales), y de una pelota que es su principal seña característica debido a su tamaño (1,22 metros de diamétro) y su ligereza (apenas 1 kilo de peso).

El sistema de puntuación del kin-ball busca fomentar partidos más igualados, en los que todos los equipos participantes cuentan con posibilidades de ganar

En cada partido participan tres equipos que se identifican por los colores, negro, gris y rosa, que representan respectivamente la lucha contra el racismo, la voluntad del deporte de expandirse por el mundo, y la integración de la mujer. Los equipos, formados por cuatro personas, son obligatoriamente mixtos, y en ellos todos los integrantes participan por igual, debiendo tener una gran sincronización. De esta forma, Mario Demers acabó con dos valores muy instaurados en los deportes competitivos: el de la segregación por sexos, y el menos publicitado, pero evidente, de apartar o relegar a aquellos que muestran menos habilidad en la práctica deportiva.

Cómo se juega al kin-ball

La pelota para jugar a kin-ball tiene un tamaño de 1,22 metros de diamétro

Los partidos de kin-ball se organizan en torno a tres tiempos de entre 7 y 15 minutos (dependiendo de la categoría). En cada uno de ellos se impone el equipo que llega primero a 13 puntos, resultando ganador final el que se impone en más tiempos o sets. El juego en sí se basa en un sistema de saque y recepción, en el que el equipo que saca y, por tanto, tiene la posesión, tiene que montar lo que se conoce como trípode: la pelota es sujetada por tres de los integrantes del equipo, mientras que el cuarto se encarga de golpearla –nunca hacia abajo para dar posibilidad al otro equipo de recepcionarla– sin cogerla entre los brazos, y utilizando para ello cualquier parte del cuerpo. Antes de que se produzca ese golpeo, el equipo que saca debe decir en voz alta la palabra “Omnikin” acompañada del color del equipo que debe recibir el balón.

Si el equipo receptor consigue coger la pelota sin que ésta caiga al suelo, tiene diez segundos para montar un nuevo ataque en el que deben participar todos sus integrantes. Si, por el contrario, la pelota cae al suelo, los otros dos equipos suman un punto a su casillero. Lo mismo sucede si el equipo atacante tira la pelota fuera del campo de juego, en cuyo caso es penalizado sumando los otros dos equipos un punto.

A través de este sistema de puntuación, complementado con el hecho de que un equipo no puede llamar a otro que esté dos o más puntos por debajo en el marcador, lo que se busca es que ningún equipo se quede descolgado, fomentando partidos más igualados en los que todos los equipos participantes cuentan con posibilidades de ganar. El reglamento oficial del kin-ball, con todas las reglas de este deporte, se puede descargar de forma gratuita de la web de la Federación Internacional de Kin-Ball.

Por todo ello, podemos decir que este deporte entretenido, curioso y fácil de aprender es perfecto para practicar en las escuelas o en entornos juveniles, pero también para dinámicas de team building.

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Escrito por:

Adrián Cordellat

Periodista especializado en maternidad, educación y salud
Adrián Cordellat

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