PUBLICIDAD

Microbirthing o siembra vaginal

La siembra vaginal o ‘microbirthing’, que consiste en impregnar a bebés nacidos por cesárea con una muestra de la vagina de su madre para mejorar su microbiota intestinal, podría suponer un riesgo para su salud.
Madre en el paritorio junto a su bebé recién nacido

Con la siembra vaginal se podrían transferir al bebé algunas bacterias perjudiciales, como estreptococos del grupo B, que le pueden provocar infecciones graves, e incluso mortales.

La siembra vaginal o microbirthing consiste en impregnar a un bebé –cara, boca, ojos y piel– recién nacido mediante cesárea con una muestra de fluido obtenido de la vagina de su madre, con el objetivo de transferirle bacterias presentes en este órgano con las que no ha entrado en contacto por no haber atravesado el canal de parto, y que supuestamente son beneficiosas y podrían contribuir a mejorar su propia microbiota intestinal.

Varios estudios científicos han asociado el nacimiento por cesárea con un ligero incremento del riesgo de que el bebé desarrolle asma, obesidad infantil, alergias, o enfermedad inflamatoria intestinal

El motivo por el que esta práctica se ha extendido en algunos países, como Reino Unido, donde muchos padres ya la están solicitando para sus hijos, es que diversos estudios científicos han asociado el nacimiento por cesárea con un ligero incremento del riesgo de que el bebé desarrolle ciertas patologías como asma, obesidad infantil o trastornos autoinmunes como las alergias o la enfermedad inflamatoria intestinal. Además, otros estudios han revelado que la microbiota intestinal de los niños nacidos por cesárea es diferente a la de los que han nacido por vía vaginal.

Sin embargo, de momento no existen evidencias científicas que demuestren que la siembra vaginal o microbirthing reduce realmente la incidencia de enfermedades infantiles, y los expertos han advertido de los posibles peligros que supone para la salud del bebé que esta práctica se extienda de forma indiscriminada, sin valorar previamente riesgos y beneficios.

Riesgos para el bebé de la siembra vaginal o ‘microbirthing’

En la actualidad solo hay una investigación en marcha para determinar si la siembra vaginal puede alterar el microbioma del bebé, pero los investigadores analizan las bacterias potencialmente peligrosas presentes en las madres, antes de realizar la siembra (algo que no se suele realizar en el ámbito hospitalario de forma rutinaria), y también sería necesario comprobar si exponer al recién nacido a los microbios vaginales reducirá realmente la incidencia de enfermedades en la infancia, lo que requiere más estudios, y con una muestra de población más amplia.

Por el contrario, y como ha advertido el Dr. Aubrey Cunnington, del Departamento de Medicina del Imperial College de Londres, en Reino Unido, y autor principal de un artículo publicado en British Medical Journal en el que refiere los potenciales riesgos de esta práctica, se podrían transferir al bebé las mismas bacterias a las que se exponen los nacidos por vía vaginal, y entre las que se encuentran algunas que son perjudiciales, como estreptococos del grupo B, que se estima que están presentes en una de cada cuatro embarazadas, y pueden provocar infecciones graves, e incluso mortales, en los bebés.

Este experto también ha alertado de que otras bacterias dañinas, que no causan síntomas en la madre, también podrían ser transferidas al bebé con la siembra vaginal, como las que causan la gonorrea, la clamidia, o el virus del herpes simple. Y explica que en caso de realizar este procedimiento en un niño nacido por cesárea, los padres siempre deben indicárselo a los profesionales sanitarios para que estos sepan que ese bebé corre el riesgo de sufrir las mismas infecciones que si hubiera nacido por vía vaginal.

El doctor Cunnington y otros expertos animan a los padres a que eviten esta técnica hasta que se demuestre que está exenta de riesgos, y adopten otras medidas que pueden afectar positivamente al microbioma de los bebés y cuya eficacia sí está probada, como alimentar a su hijo con lactancia materna hasta los seis meses de edad como mínimo –tal y como aconseja la OMS–, y no administrarle antibióticos innecesarios.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD