Origen de la morfina

Escrito por Eva Salabert, periodista experta en salud
Origen de la morfina
Morfina

La morfina es un analgésico que se obtiene de la planta del opio (Papaver Somniferum), conocida popularmente como adormidera. El opio es una de las drogas más empleadas en la antigüedad, que ha sido sustituida actualmente por sus famosos derivados, la morfina y, especialmente, la heroína.

Breve historia de la morfina

La morfina apareció a principios del siglo XIX. En esta época se recetaba opio (analgésico usado para aliviar dolores), pero surgían dudas cuando se trataba de establecer qué dosis era conveniente administrar según la pureza del preparado.

El farmacéutico del pueblo le encargó a Friedrich Sertürner que hiciera un estudio de calidad del opio, el cual era dispensado en la farmacia. Al joven Friedrich se le ocurrió disolver el opio en un ácido, después, lo redujo con amoníaco; y por último obtuvo unos cristales de color gris que utilizó experimentalmente en gatos, manifestando así su poder hipnótico (produce sueño). Aquejándose de un fuerte dolor de muelas, Friedrich decidió probarlo él mismo. Al tomarlo entró en un profundo sueño durante ocho horas. Cuando despertó se levantó sin ninguna molestia.

Por ello, debido a sus virtudes somníferas, en honor al dios del sueño Morfeo, bautizó a dicha sustancia con el nombre de morfina.

El opiáceo se comercializó por primera vez en 1817, anunciándose como un analgésico que, además, se podía emplear en el tratamiento de adicciones a ciertas sustancias, como el opio y el alcohol. Con el tiempo, por desgracia, se descubriría que la morfina es aún más adictiva que el alcohol o el opio.

Aunque en la actualidad ha sido desplazada por otras drogas como la heroína, la morfina sigue siendo una de las sustancias preferidas por los adictos a la heroína cuando no pueden acceder a esta última.

Usos de la morfina

Se utiliza en los siguientes casos:

  • Dolor postoperatorio.
  • Dolor crónico intenso resistente a otros analgésicos
  • Dolor oncológico.
  • Dolor transitorio de intensidad severa.
  • Dolor asociado a infarto de miocardio.

Este opiáceo se puede administrar por vía oral (solución oral, comprimidos y cápsulas retard) y por vía parenteral (subcutánea, intravenosa, intramuscular, epidural e intratecal). La dosis se debe adaptar individualmente a cada paciente, según la severidad del dolor que presente y la respuesta ante el analgésico.

En los niños solo se emplea de forma excepcional y en dosis restringidas, de acuerdo con su masa corporal. A las embarazadas solo se les administra morfina cuando no existe alternativa y, teniendo en cuenta que la sustancia pasa a la leche materna, se debe suspender la lactancia cuando se instaura un tratamiento con morfina.

Contraindicaciones del uso de morfina

En determinadas circunstancias está contraindicado su empleo, como:

  • Cuando el paciente presenta una reacción alérgica de cualquier tipo.
  • Cuando pueda interaccionar con otros medicamentos que está tomando el paciente.
  • Durante el embarazo y la lactancia.
  • En los niños menores de un año.
  • Si el paciente sufre depresión respiratoria o enfermedades respiratorias que cursan con obstrucciones graves.
  • En los pacientes que presenten traumatismo craneal o una presión intracraneal elevada.
  • Antes de una intervención quirúrgica, o en las primeras 24 horas tras la misma.
  • Cuando el paciente sufre trastornos convulsivos.
  • En todos aquellos casos en que el paciente sufra una enfermedad que el médico considere que pueda agravarse por el empleo del fármaco.

Efectos secundarios de la morfina

La morfina tiene efectos colaterales importantes como:

  • Náuseas y/o vómitos.
  • Alteración en los resultados de análisis de sangre.
  • Somnolencia, desorientación, mareos, inestabilidad.
  • Visión borrosa.
  • Euforia.
  • Sudoración.
  • Boca seca.
  • Estreñimiento.
  • Alteraciones respiratorias y/o variaciones en la presión arterial.
  • Astenia.
  • Prurito.
  • Dependencia (puede ocurrir si su uso es prolongado).
  • Puede agravar el estado del paciente cuando este padece enfermedades como: pancreatitis, asma, EPOC, alcoholismo, hipotensión, estreñimiento crónico, hipotiroidismo, trastornos graves del hígado o del riñón, entre otras.
  • Dependencia física en el feto y síndrome de abstinencia en el bebé si se administra a una mujer embarazada. Además, pasa a la leche materna, por lo que no debe emplearse durante la lactancia.
 

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Actualizado: 25/03/2014

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