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Dieta y nutrición
Carne artificial
La carne artificial o carne cultivada, elaborada en un laboratorio a partir de células de un animal vivo sin necesidad de sacrificarlo, podría llegar al mercado en pocos años. Te adelantamos sus ventajas e inconvenientes.
Escrito por Beatriz Robles, Consultora experta en seguridad alimentaria

Motivos por los que comeremos carne artificial

Investigadora observa un trozo de carne artificial

Producir carne como hasta ahora tiene un coste energético y un impacto ambiental muy grande.

Hay varias razones que apuntan a que fabricar carne de forma artificial no es una idea descabellada, que favorecerían su producción y comercialización, y por las que en un futuro no tan lejano la cultured meat puede ser una opción en los menús diarios de muchas personas:

  1. Aumento del consumo de carne: según los datos de la FAO, en 2015 el consumo de carne fue de 41,3kg por persona de media en el mundo entero. En los países desarrollados esta cifra asciende hasta los 95,7kg por persona. Según sus predicciones, aunque de una forma más lenta que en periodos anteriores, el consumo seguirá creciendo para llegar en 2030 a más de 100kg por persona y año en los países más ricos. La OCDE estima que cada europeo consumió 68,3kg de carne en 2015.
  2. Impacto medioambiental: de toda la superficie cultivable, el 80% se dedica a la producción ganadera, y un tercio de los alimentos vegetales se dedican a la alimentación del ganado. Es una actividad con un impacto objetivo sobre el medioambiente. De forma directa, la ganadería genera el 14,5% del total de gases con efecto invernadero. El laboratorio puede ser por tanto una alternativa que contrarrestaría este efecto.
  3. Gasto energético: producir un kilo de carne es poco eficiente desde el punto de vista energético. Por cada kilo que pese un pollo vivo, se habrán empleado 2,5 kilos de alimento. En el caso del cerdo, habrá necesitado 5 kilos y, las vacas, hasta 10 kilos de comida. Y como no todas las partes del animal son carne comestible, resulta que al final sólo un 5% del alimento que ese animal ha ingerido se transformará en un filete que nosotros podamos comer.
  4. Consumo de agua: en cuanto a la huella que supone la ganadería sobre otro recurso como el agua, un informe publicado por la UNESCO y el IHE Delft Institute for Water Education, estima que por cada kilo de carne de vacuno se emplean 15.415 litros de agua. Para ponerlo en contexto, para producir un kilo de hortalizas se necesitan 322 litros, y un litro de leche supone utilizar 1.020 litros de agua.
  5. Consideraciones éticas: en España un 7,8% de la población sigue una dieta basada en alimentos vegetales en cualquiera de sus variantes (flexitariano, ovolactovegetariano, vegano…), y mayoritariamente (el 60%) declaran elegir este tipo de alimentación por motivos éticos o animalistas.
  6. Dieta con grasas saludables: no podemos olvidarnos de otra motivación que puede lanzarnos a comer carne cultivada: la salud. Todas las organizaciones de referencia coinciden al aconsejar una reducción en el consumo de grasas saturadas, que aparecen principalmente en alimentos de origen animal. La OMS, por ejemplo, indica que reducir a menos del 10% el consumo de grasas saturadas disminuye el riesgo de desarrollar enfermedades no transmisibles. Esto se puede conseguir comiendo menos alimentos como la carne, que es rica en este tipo de grasa. Y la FESNAD (Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética) recomienda sustituir los ácidos grasos saturados por mono o poliinsaturados para mejorar el perfil lipídico, y por poliinsaturados para reducir el riesgo cardiovascular.

Actualizado: 7 de Agosto de 2017

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