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Ejercicio y deporte
Lesiones del tendón de Aquiles
¿Tendría razón Homero en su Ilíada, y el tendón de Aquiles es el punto más débil del hombre más fuerte? La fortaleza y debilidad de este tendón no son un mito. Conoce por qué se lesiona, y cómo prevenirlo.
Escrito por Julián Martínez San Juan, Osteópata, quiromasajista deportivo y técnico superior deportivo

Causas de lesión del tendón de Aquiles

Causas de lesión del tendón de Aquiles

Algunos deportes que requieren movimientos explosivos con amplia velocidad de reacción pueden provocar lesiones del tendón calcáneo.

A pesar de ser un elemento con la capacidad de soportar grandes cargas de trabajo, el tendón de Aquiles, como cualquier otro tendón, se verá afectado por las lesiones, máxime teniendo en cuenta que la zona del tobillo es de uso cotidiano. Aquí explicamos algunas de las causas más frecuentes de las lesiones del tendón calcáneo:

  • Uso excesivo: el más común de los agentes lesivos. La sobre solicitación del tendón está a la cabeza del origen de las lesiones en esta zona anatómica, y puede asociarse a dos vertientes distintas, la deportiva y la laboral:
    • Deportistas, habitualmente atletas, que incrementan la cantidad de kilómetros de entreno, pasando demasiado rápido de distancias asumibles por el tendón a distancias insoportables. También entran dentro de esta opción los nuevos corredores que se saltan el proceso de adaptación y empiezan desde el primer día a correr las mismas distancias que los atletas entenados y acostumbrados. En ocasiones este tipo de lesiones surgen por la vuelta a la rutina deportiva tras largos períodos de descanso.
    • Trabajos de presión continuada. Es el caso de camareros, carteros, mensajeros, repartidores, y comerciales, que pasan jornadas completas de pie, ya sea en estático o caminando.
  • Terreno inadecuado: una superficie dura (asfalto, pistas de cemento) resulta más cargante que una superficie blanda, debido al efecto amortiguador. Todo lo que no absorba el terreno lo absorberá la musculatura y, por extensión, el tendón. Por otro lado, un terreno irregular (camino pedregoso, correr por la playa...) incorpora el componente de la inestabilidad, que tiende a compensar y reducir la articulación del tobillo, siendo el tendón de Aquiles uno de los mayores implicados en esta labor de estabilización.

    Dentro de este apartado es interesante mencionar que correr o andar cuesta arriba hacen que el tendón de Aquiles se encuentre en situación constante de elongación, y el trabajo desde esa posición provoca un mayor esfuerzo y, en definitiva, una mayor probabilidad de aparición de la lesión.
  • Práctica de deportes propensos a la lesión: en la práctica de ciertos deportes aparecen movimientos bruscos que no son del todo controlados. Es el caso de los deportes de velocidad de reacción, como los de raqueta (tenis, pádel, etcétera), fútbol, o rugby. Son deportes en los cuales se generan situaciones de aceleraciones máximas en cortos espacios, como el gesto de un regate en fútbol, o llegar a una dejada corta en tenis. En estas acciones de arrancada explosiva desde una posición de espera, el tendón es sometido a una sobrepresión debido a la violencia de la contracción, y puede llegar a lesionarse gravemente.

    Por otro lado, existen deportes que ya sea por la repetición o por la contundencia, acaban por ser terreno fértil para las lesiones tendinosas. En el primer caso, por repetición, encontramos a los corredores de largas distancias. Desde hace unos años, el running se ha convertido en un fenómeno de masas, y hay cientos de corredores populares en cualquier rincón de cada cuidad. Una persona normal, a un ritmo de trote normal, avanza a una media de ochocientas zancadas por kilómetro. Si al día entrena diez kilómetros, estará haciendo ocho mil zancadas. Ocho mil impactos que el tobillo debe amortiguar en cada entrenamiento. Si a esto se le suma que algunos cientos de zancadas pueden ser cuesta arriba y en terreno irregular… la lesión del tendón calcáneo es casi inevitable en muchos casos.

    En el otro supuesto, por contundencia, encontramos deportes como el baloncesto o el voleibol, donde los saltos y las recepciones a esos saltos son constantes y obviamente lesivas.
  • Calzado inadecuado: la gente le suele dar poca importancia, pero nada más lejos de la realidad. Unas zapatillas de atletismo con una buena amortiguación ahorrarán kilos de carga y trabajo al tendón. De la misma forma, unas zapatillas desgastadas, de una talla inadecuada, o mal atadas, provocarán inestabilidad al tobillo y, como ya se ha explicado, la inestabilidad es asumida por parte de nuestra anatomía.

    Unos zapatos con excesivo tacón provocarán un acortamiento en el movimiento del tendón, y un calzado excesivamente plano hará que el tendón esté sometido a tensiones innecesarias.

    Otra posibilidad es el calzado de caña media, que provoca una fricción en la zona llegando a irritar el tendón. En cualquier caso, todas estas acepciones tendrán consecuencias negativas para el tendón calcáneo.
  • Pronación: llamamos pronación a la pisada que se realiza enfatizando en la parte interior de la huella. Este fenómeno provoca una torsión sostenida del tendón de Aquiles.
  • Traumatismo: cualquier impacto que dañe la superficie del tendón, muy usual en deportes de contacto y de lucha. Los accidentes también se encuadran en este grupo.

Actualizado: 7 de Agosto de 2017

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'Fuente: 'l Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal)''

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