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Embarazo
Hiperémesis gravídica
Casi todas las mujeres sufren náuseas y vómitos en el embarazo pero, en exceso, lo que se conoce como hiperémesis, provocan deshidratación y otras complicaciones. Si es tu caso, consulta a tu médico cuanto antes.
Escrito por David Saceda Corralo, Médico Interno Residente, especialista en Dermatología Medicoquirúrgica y Veneorología

Tratamiento de la hiperémesis gravídica

Sólo el médico sabe qué medicamentos pueden ayudar a la madre en esta enfermedad. Se desaconseja la automedicación, y no se debe retrasar la consulta médica en las situaciones más severas que hemos descrito antes.

Las náuseas y vómitos leves propios del embarazo no necesitan fármacos, es suficiente con modificar la dieta, incluyendo más proteínas e hidratos de carbono (como nueces, queso, galletas saladas, leche…). Lo mejor es comer en pequeñas cantidades y varias veces al día. Evitar alimentos ricos en grasas o muy condimentados y beber mucha agua son también medidas eficaces para combatirla estas molestias, así como evitar el estrés durante el embarazo. Un remedio bastante efectivo son las infusiones de jengibre, que alivian las náuseas y disminuyen el deseo de vomitar.

En el caso de la hiperemesis gravídica hay varios medicamentos que pueden ayudar a minimizar los vómitos y estabilizar a la madre. Algunos son:

  • Antihistamínicos: aparte de sus efectos para combatir la alergia, los antihistamínicos son capaces de disminuir la excitación del centro del vómito en el cerebro.
  • Vitamina B6: alivia las náuseas y además se puede suministrar en inyección si la madre vomita con tanta frecuencia que administrarla por vía oral no resulta eficaz.
  • Fenotiazina: es un medicamento del grupo de los antiepilépticos, que produce una “relajación” del sistema nervioso, de manera que así se regula la hiperexcitación del centro del vómito cerebral.
  • Metoclopramida: tiene varios efectos en el tubo digestivo. Aumenta el tono muscular del cardias en la unión esófago-estómago, relaja el píloro (que es el esfínter entre el estómago y el intestino delgado), y aumenta la cinética gástrica. Como incrementa la velocidad a la que se vacía el estómago, desaparece la posibilidad de vomitar.
  • Antiácidos: eliminan el ácido que segrega el estómago. No solucionan los vómitos, pero alivian el ardor que siente la madre entre uno y otro, y pueden evitar las náuseas.

Además de todos estos fármacos, que actúan directamente sobre las náuseas y los vómitos, se deben tratar las complicaciones derivadas de la hiperemesis gravídica, es decir, la deshidratación y la desnutrición, que ocurren con bastante frecuencia y son las que determinan la gravedad de esta enfermedad. Algunas medidas terapéuticas son:

  • Ingreso hospitalario: para un mejor control del estado de la mujer es preferible su ingreso hasta que se recuperen líquidos y electrolitos en las cantidades apropiadas.
  • Hidratación: en primer lugar se coloca una vía venosa por donde se suministran sueros que regulan el medio interno de la paciente, con el fin de disminuir la deshidratación. Cuando se han recuperado unas constantes vitales adecuadas, se puede sustituir la vía venosa por la vía oral. Se suelen tardar unas 24-48 horas para pasar a la vía oral. Después, la paciente sólo podrá tomar bebidas isotónicas hasta que esté completamente regulada.
  • Suplementos nutritivos: cuando se controlan los vómitos, la paciente ya puede tomar suplementos nutritivos en forma de papillas que compensen las carencias nutricionales. Si los vómitos son incontrolables, se optará por una sonda nasogástrica y, sólo como última opción, se empleará la nutrición parenteral, es decir, a través de una vía venosa.
  • Suplementos vitamínicos: hay vitaminas concretas que son muy necesarias para la mujer y para su bebé. Tanto es así, que en ocasiones es preciso recurrir a inyectarlas por vía intramuscular para corregir rápidamente su déficit. La más importante es seguramente el ácido fólico, pero también lo son la tiamina, la vitamina B6 y la vitamina A. Aunque no es una vitamina, también podemos incluir aquí el hierro, que es un mineral esencial para las embarazadas y puede estar disminuido en la hiperemesis gravidica.

Además de todas estas medidas, que intentan solucionar la sintomatología y evitar complicaciones, se debe controlar la tensión arterial de la mujer varias veces al día, y comprobar su peso, al menos una vez al día, para observar si aumenta o, por lo menos, se mantiene estable.

En ocasiones es necesario que la mujer reciba apoyo psicológico, ya sea porque el trastorno tenga un origen psicógeno o para evitar que sufra una depresión posteriormente.

Actualizado: 31 de Julio de 2017

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David Saceda Corralo

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'Fuente: 'Ministerio de Sanidad''

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