23 de mayo de 2012
La placenta previa es una complicación que se produce en uno de cada 200 embarazos aproximadamente, y consiste en que la placenta (adherida a la pared del útero mediante vasos sanguíneos) se sitúa cerca o sobre el cuello uterino (abertura del útero). Hay tres tipos de placenta previa:
Es frecuente observar placenta previa antes de la semana 20 de embarazo pero, con el crecimiento del útero, la placenta se desplaza hacia arriba, alejándose del cérvix. Sin embargo, si la placenta continúa junto a la abertura del útero, obstruyéndolo total o parcialmente, existe riesgo de sangrado intenso durante el parto, por lo que en estos casos se recomienda practicar una cesárea.
El más común es el sangrado vaginal repentino e indoloro. Se suele detectar mediante una ecografía que muestra la posición de la placenta, ya que un examen vaginal puede producir una hemorragia fuerte. No existe tratamiento para esta complicación porque no se puede modificar la posición de la placenta.
Se realizarán controles periódicos con el objetivo de prolongar el embarazo lo más posible, para que el bebé termine de formarse correctamente. En caso de hemorragias severas puede ser necesario practicar una cesárea de urgencia.
Se desconocen las causas de la placenta previa, aunque hay ciertos factores que se asocian con su aparición:
La hemorragia es el principal problema que presenta la placenta previa, y aparece normalmente en el tercer trimestre del embarazo, cuando la zona inferior del útero se adelgaza y la parte de la placenta situada sobre el cuello uterino comienza a sangrar. Otros riesgos son:
ESPECIAL
“La ICSI, una variante de la fecundación in Vitro, asegura la fertilización en un 70-75% de los casos"
24% de las parejas que no tuvieron un hijo con ayuda de la fecundación in vitro, lo consiguieron solas años después
El estudio revela que también hubo un 17% de embarazos ‘espontáneos’ entre aquellos que ya habían conseguido descendencia con la FIV.
Fuente: ‘Fertility and Sterility'