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Embarazo
10 curiosidades sobre el embarazo
Úteros sobrenaturales, ombligos escapistas, pies de gigante, olores fantasma, cerebros que empequeñecen… el embarazo trae consigo una serie de curiosidades de lo más interesantes. Descubre a qué se deben.
Escrito por Alhelí Quintanilla, Periodista especializada en infancia y embarazo

10 curiosidades sobre el embarazo

10 curiosidades sobre el embarazo

Durante el embarazo la mujer experimenta algunos fenómenos realmente curiosos. Conócelos.

Que no hay dos embarazos iguales, lo sabe cualquier mujer que haya dado a luz. Cada uno atesora una historia y una lista de anécdotas irrepetibles… o no tanto, muchas de las cosas que quizá te hayan sorprendido –que tu ombligo se salga de su hueco, que te crezcan los pies o te aparezca una línea negruzca en la piel– son más habituales de lo que piensas, aunque la ciencia todavía no tiene explicación al origen de muchas de ellas…

Tanto si estás a punto de tener un bebé, como si ya has sido madre, seguro que te resulta interesante conocer las diez curiosidades más llamativas documentadas sobre estos nueve meses tan especiales:

¿Cuándo nacerá el bebé? Se admiten apuestas.

Y es que la duración de un embarazo puede variar hasta en un mes porque la fecha probable de parto no es más que una estimación: 280 días (40 semanas) es su duración oficial, en el que se empieza a contar desde el primer día que empezó la última menstruación, una fecha mucho más fácil de determinar que el día de la ovulación o la fecundación, que es cuando de verdad se produce el embarazo. Por eso la horquilla de tiempo de un embarazo a término se ha establecido entre la semana 37 y la 42. Al final, sólo 4 de cada cien embarazadas paren justo al llegar a las 40 semanas, mientras que el 70% dan a luz dentro de los 10 días anteriores o posteriores a la fecha prevista. 

Pero ni conociendo la fecha exacta de ovulación parece posible acertar con la fecha: según un estudio divulgado en 'Human Reproduction' en 2013, los cambios hormonales que suceden al principio del embarazo, la edad de la madre y otra serie de factores biológicos  podrían  ser también clave a la hora de poner fecha a la esperada llegada del bebé).

El útero, ese órgano capaz de aumentar más de 500 veces su capacidad.

Un bebé (o dos o tres) ocupan mucho espacio y si no que se lo pregunten al útero o matriz, que pasa de tener una capacidad de 10 mililitros o menos en estado normal a abarcar alrededor de los 5 litros al final del embarazo. Es decir: es capaz de multiplicar su capacidad al menos en 500 veces, sino más en el caso de los embarazos múltiples.

Además, su longitud, que en una mujer no embarazada oscila entre los 6 y los 9 centímetros, aumenta unas cinco veces, hasta los 35 cm, y su peso crece unas veinte: de sus 100 gramos de promedio hasta el kilo, kilo y pico. Y, por obra y gracia de la madre naturaleza más o menos dos semanas después del parto el útero recupera su tamaño original en un proceso llamado involución uterina.

Las náuseas del embarazo, tan insondables como los agujeros negros.

Entrado ya el siglo XXI todavía no existe una clara explicación médica –y por tanto una manera de evitarlas– para las famosas náuseas, en general acompañadas de vómitos, que provoca el embarazo en una de cada tres mujeres, sobre todo durante el primer trimestre y que resultan muy desagradables y molestas.

Aparte del mito de que las mujeres que han engendrado un varón rechazan la testosterona producida por las gónadas masculinas del feto, totalmente infundado, la ciencia médica baraja varias posibles explicaciones: cambios hormonales, alteraciones en la movilidad gástrica, déficit de vitaminas (sobre todo de vitamina B), infección de la mucosa gástrica… en fin, nada definitivo que evite el mal trago de tener que soportarlas.

Ombligo a la fuga.

Además de que ya no hay forma de entrar en la ropa, el aumento del abdomen y el subsiguiente estiramiento de la piel de esta zona, sobre todo a partir del ecuador el embarazo, trae aparejada una curiosa consecuencia: el ombligo se sale para afuera, como si ya no cupiese en la tripa, y, más que un ombligo, parece un botón blando y elástico que puede incluso moverse si el bebé lo golpea.

Aunque también puede suceder exactamente lo contrario: el ombligo se esconde, desaparece, sin dejar apenas rastro. No hay reglas fijas. En todo caso, es cuestión de tiempo, ya que en cuanto los músculos abdominales pierden la tensión que impulsó al ombligo hacia afuera, éste, por lo general, vuelve a su posición como por arte de magia. Ojalá sucediera lo mismo con las manchas en la piel, las antiestéticas estrías y varices, la tripilla…

Una raya más marcada para las morenas.

Está siempre ahí, pero es muy clarita y apenas se ve, se trata de la línea alba, la que marca la separación vertical de los músculos abdominales desde el pubis hasta el ombligo. Sin embargo, y como consecuencia del ajetreo de hormonas, se hace visible a partir del segundo trimestre de embarazo y es más intensa en mujeres de piel y pelo oscuro, de ahí que cambie de nombre a línea nigra (negra).

La creencia popular, una vez más sin ninguna base científica, reza que su extensión indica el sexo del bebé: si la línea termina en el ombligo, será una niña, y si sigue hacia arriba, un niño. Este fenómeno de hiperpigmentación normal e inevitable y que aqueja a una de cada nueve embarazadas, también afecta al pezón, la aureola y la región genital. En general, desaparece poco a poco tras el parto. Un consejo: no te pases con el sol, hace que su efecto sea más duradero.

Pies de gigante.

Todas las embarazadas saben que más o menos en el tercer trimestre los pies empiezan a hincharse debido a la retención de líquidos propia de la gestación, lo que obliga a usar calzado más ancho y cómodo. Pero es que la cosa no se queda ahí: el 70% sufre cambios permanentes en sus extremidades inferiores, según un estudio del departamento de Ortopedia de la Universidad de Iowa (EE.UU.), que constató un aumento de entre dos y diez milímetros, es decir entre medio y un número más de calzado.

¿La causa? El arco plantar se expande por efecto de las hormonas que actúan sobre todas las articulaciones para que éstas sean más flexibles y así facilitar el camino del bebé en el parto. Además, el aumento de peso durante el embarazo también contribuye a esta curiosa ganancia, ya que es la zona que más la sufre. Queda el consuelo de tener que comprarse zapatos nuevos.

Me gotea el pecho antes de tiempo.

Tranquila, es normal. Muchas veces el pecho empieza a segregar gotitas antes de dar a luz de forma espontánea o tras la estimulación de los pezones, sobre todo en mujeres que ya han sido madres. Estás rezumando precalostro, un líquido amarillento y denso precursor delcalostro, la primera leche materna que produce el pecho y que viene cargada de defensas antes de la subida formal de la leche.

Este anticipo es corriente, no afecta el curso del embarazo ni al bebé ni a la cantidad de leche que serás capaz de producir después, ya que las hormonas del embarazo se encargan de inhibir la subida formal hasta después del alumbramiento.

¡Se me ha encogido el cerebro!

Pues sí, exactamente un 7%, según apuntan los estudios, que no son capaces de determinar, sin embargo, el origen de este empequeñecimiento, que no te vuelve más tonta, pero sí hace perder capacidades y provoca un cierto estado de confusión, lo que sumado al baile de hormonas y la pérdida de habilidad motora por la relajación de la articulaciones hace que las embarazas se vuelvan muy despistadas y torpes.

Pero tranquilas, como casi todo, el cerebro recupera su tamaño normal después del parto e incluso se vuelve más eficiente: al parecer, se trata de un entrenamiento previo de las neuronas para lo que vendrá después. ¡Y con razón!

Huele… a fantasma.

El 14,3% de las embarazadas, según un estudio llevado a cabo por una universidad sueca, percibe olores fantasma, que son aquellos que aparecen y desaparecen sin explicación y sin procedencia concreta. Y los fantasmas no huelen a rosas precisamente: el 61% de las gestantes del estudio detectó olor fecal o podrido, un 28% a moho, el 17% notó una fragancia metálica y otro 17% olió a quemado.

Un fenómeno nada extraño si tenemos en cuenta que casi el 70% de las embarazas percibe de forma más penetrante los olores, sobre todo los más desagradables, una forma de proteger, dicen los expertos, a su futuro bebé de posibles sustancias tóxicas o perjudiciales.

Él también tiene náuseas, cambios de humor, gana peso…

El futuro padre puede estar sufriendo un embarazo empático o síndrome de Couvade (palabra que deriva del francéscouver, que significa incubar, criar), una anormalidad que aparece en el primer trimestre y termina con el parto y que posee un gran componente psicológico, sobre todo en parejas que están muy apegadas.

Aunque la ciencia todavía no tiene una explicación irrebatible al respecto, parece ser que esta situación podría deberse a respuestas bioquímicas a estímulos olfativos enviados por las gestantes o, simplemente, a variaciones en el comportamiento de la embarazada que causan, al tiempo, ciertos cambios hormonales en el hombre.

Actualizado: 3 de Agosto de 2017

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52,4%
se ha reducido la concentración espermática en los hombres occidentales en los últimos 40 años
'Fuente: 'Human Reproduction Update''