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Entrevistas de Mente y emociones
Mario Suárez, periodista y autor del libro ‘Hola cáncer’

Mario Suárez

Periodista y autor del libro ‘Hola cáncer’
“La experiencia del cáncer me ha cambiado totalmente; ahora estoy contentísimo todo el tiempo y para mí la vida es un disfrute”

Mario Suárez, periodista y autor del libro 'Hola cáncer'.

Que te diagnostiquen un cáncer con 36 años, cuando tienes toda la vida por delante y un montón de objetivos y sueños por cumplir, algunos de los cuales has ido postergando porque pensabas que tenías ‘todo el tiempo del mundo’, es un golpe duro y difícil de afrontar. Mario Suárez, periodista y autor del libro Hola cáncer (Lunwerg editores, 2015), decidió asumir la realidad sin resignarse, confiar en sus médicos y en que el tratamiento acabaría con la enfermedad, y contar en un libro su experiencia, tal y como le hubiera gustado que alguien se la contase a él, con optimismo, y aportando información y consejos útiles para sobrellevar mejor la quimioterapia. Como explica Mario, “el libro es un manual positivo, y aunque choca que alguien pueda decir ‘Hola cáncer’, precisamente ese hola, esa especie de bienvenida a la enfermedad, es aceptar que te va a acompañar, que va a estar contigo una temporada, y que más vale que la saludes e intentes que se vaya lo antes posible para poder decirle adiós”.

Hola cáncer

¿Por qué decidiste escribir el libro y a quién va dirigido?

Lo escribí como si fuese para mí mismo, desde una necesidad personal, porque necesitaba que alguien me contara las cosas de una manera diferente, que me explicara cómo iba a ser todo el proceso y, sobre todo, contado de una manera joven y fresca, para un tío de 36 años como yo que no sabía dónde acudir ni qué leer a parte de cuatro blogs. Y va dirigido no solo a enfermos de todas las edades, sino que creo que también es muy importante de cara a los familiares y a las personas del entorno del paciente, para que puedan comprender el estado en el que se encuentra, y saber cuáles son las cosas que le pueden ayudar.

Precisamente te quería preguntar cómo afrontaron tus seres queridos el diagnóstico de tu enfermedad, y si este libro deberían también leerlo los familiares y amigos de personas a las que les hayan detectado un cáncer…

Sí, para mí el entorno fue fundamental durante todo el proceso, fue esencial el placaje que hicieron tanto familia como amigos cercanos, y fue una de las bazas con las que conté para la recuperación y que influyó mucho en el ánimo positivo que mantuve durante este tiempo. Para ellos fue un shock porque creo que ningún padre está preparado para que su hijo sufra cáncer, ni tampoco tus hermanos; ni siquiera un grupo de amigos está preparado para que de repente uno de ellos pare su vida (como fue mi caso) y decida que no puede ir a las vacaciones que tenía ya programadas y pagadas junto a ellos, porque se tiene que quedar en Madrid porque le han diagnosticado un cáncer. El libro es muy útil para las personas del entorno y los familiares porque explica cómo ayudar al enfermo y cuenta trucos para animarle, y porque ayuda a entender el proceso emocional por el que atraviesa el paciente.

El libro es muy útil para las personas del entorno y los familiares porque explica cómo ayudar al enfermo y trucos para animarle, y porque ayuda a entender el proceso emocional por el que atraviesa el paciente

¿En el libro reflejas únicamente tu experiencia personal, o hablaste con otros pacientes para que te contarán cómo habían vivido ellos el diagnóstico y tratamiento de esta enfermedad?

Sí, hable con otros enfermos y contacté con muchísima gente a través de las redes sociales, que para mí también fueron esenciales, y en el libro he reflejado también gran parte de las experiencias que me transmitieron estas personas. Por ejemplo, me hablaron de trucos para sobrellevar la quimio que a mí no me funcionaban, pero que a otros pacientes sí les resultaban útiles. Con respecto al sueño, que a mí me afectó muchísimo porque dejé de dormir cuando empecé el tratamiento de quimioterapia –creo que es una cuestión mental por el shock tan fuerte que te produce–, algunos recuperan la capacidad de dormir siguiendo consejos de higiene del sueño, mientras que yo tuve que recurrir a la química, a los fármacos, para poder aguantar al menos cinco o seis horas en la cama y no acudir a la siguiente sesión de quimioterapia agotado.

También mencionas las terapias alternativas. ¿Cuáles son las que te ayudaron a ti?

A mí me ayudó muchísimo el reiki; me tranquilizaba y dormía mejor porque estaba muy relajado y me sentía muy bien. Es una de las muchas cosas que he incorporado a mi vida. También hago bastante deporte para estar fuerte físicamente. Yo ya hacía ejercicio antes del diagnóstico, y creo que es muy importante estar en forma para afrontar mejor palos de este tipo y que el cuerpo aguante.

El cáncer cambia tu visión de la vida

Pilar Sordo, una psicóloga que ha escrito un libro sobre la felicidad y el dolor, dice que mientras se documentaba descubrió que en las salas de quimioterapia había gente feliz, porque el diagnóstico de cáncer cambia la perspectiva de la vida. ¿A ti cómo te ha cambiado?

A mí me ha cambiado totalmente, ahora estoy contentísimo todo el tiempo y para mí la vida es un disfrute. Aunque mi pronóstico fue muy bueno en todo momento, tuve la sensación de estar cercano a la muerte, y de tener una enfermedad grave que no sabes para dónde va a tirar, y eso te hace replantearte todo. Desde que recibí el alta empecé a cumplir todas mis metas, todo aquello que me había propuesto: me he cambiado de piso, viajé a París con mis padres y mi hermano, fui a Canarias a visitar a un amigo al que hacía tiempo que quería ver…, un montón de deseos que has ido aplazando y de pronto decides que ahora es el mejor momento para llevarlos a la práctica. Además, no quiero tener más obligaciones que las básicas y esenciales.

Sin embargo, en las salas de quimioterapia felicidad no hay, es terrible. Sí es verdad que yo con la quimioterapia estaba muy feliz; pese a estar destrozado estaba feliz porque era el final del proceso y sentía que ya me estaba curando y tenía confianza plena en mi tratamiento, pero el hospital de día me parecía un infierno; allí el ambiente es deprimente y cuando sales solo quieres coger un taxi para ir a casa a meterte en la cama.

Desde que recibí el alta empecé a cumplir todas mis metas, todo aquello que me había propuesto, y no quiero tener más obligaciones que las básicas y esenciales

Para evadirme, lo que hacía era leer y escuchar mucha música; de hecho, cuando salí del quirófano y desperté, la forma de comunicar a todos los amigos a través de mis redes sociales que había salido todo bien, fue subir una foto de un tío con un cartel que decía ‘el cáncer no acabará con el rock’.

Tras finalizar el tratamiento de quimioterapia hay que seguir realizándose pruebas cada cierto tiempo, ¿el control médico tranquiliza al confirmar que uno sigue sano, o te vuelve algo hipocondríaco?

Las primeras revisiones son muy duras. Yo todavía voy al oncólogo cada mes y medio, y dos semanas antes de la consulta tengo que realizarme las pruebas (la analítica, la placa, el contraste…), con lo cual mentalmente nunca descanso. Ahora por fin me lo van a ampliar y tendré que controlarme cada dos meses y medio o tres, y eso es más fácil de integrar en la vida cotidiana. Sé que las revisiones son imprescindibles para evitar las recidivas de la enfermedad porque muchos tipos de cáncer –como el testicular o el de mama– no dan la cara, al menos así fue en mi caso porque a mí no me dolía nada cuando me lo detectaron. Empecé a notar algunas cosas raras en abril –pero ni sospechaba que pudiera tratarse de cáncer– y en julio me dijeron que tenía cuatro tumores; la semana anterior al diagnóstico estaba de viaje en Londres y me encontraba perfectamente. 

No tomo azúcar ni leche, vigilo mucho el origen de los alimentos, y solo como pan de centeno, que está menos adulterado y es más digestivo

Es frecuente hacer listas de buenos propósitos que después no se cumplen. ¿Crees que tú te mantendrás firme en seguir los buenos hábitos que has adquirido con la experiencia de la enfermedad?

Yo llevaba un estilo de vida bastante sano antes del diagnóstico, pero trabajaba muchísimo y ahora trabajo lo normal. He incorporado algunos cambios a mi alimentación que ya forman parte de mis hábitos, por ejemplo, no tomo azúcar ni leche, y también vigilo mucho el origen de los alimentos, que las carnes sean realmente ecológicas –las compro en mi pueblo–, y solo como pan de centeno, que tiene menos gluten, está menos adulterado, y es mucho más digestivo. 

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