Faringitis
Escrito por María Dolores Tuñón, licenciada en Medicina por la Universidad de Alcalá de Henares
El tabaco, el alcohol y las comidas muy calientes pueden lesionar la mucosa faríngea y favorecer la aparición de faringitis, una afección frecuente que provoca dolor de garganta, molestias al deglutir y fiebre.

Síntomas de la faringitis

En la mayoría de los casos los primeros síntomas de la faringitis son dolor de garganta y dolor al deglutir el alimento, acompañados de fiebre. El dolor puede irradiarse al oído y aumentar con los movimientos del cuello.

Al examinar la faringe se observan las paredes muy enrojecidas; las amígdalas presentan un aumento de tamaño y en ocasiones pueden estar recubiertas por pus. Según la forma en la que comience a manifestarse la enfermedad se pueden distinguir dos tipos de faringitis: aguda y crónica.

Faringitis aguda

Comienza de forma brusca y permanece varios días. Suele deberse a infecciones víricas, aunque frecuentemente se asocian virus y bacterias. Existen varios subtipos:

  • Difusa: suele comenzar como un catarro. El paciente presenta escozor, dolor al deglutir, fiebre baja y dolor de oído.
  • Amigdalitis: las producidas por virus presentan coloración rojo intenso de la pared de la faringe, fiebre y dolor de garganta. Las producidas por bacterias, comienzan con fiebre elevada y malestar general, las amígdalas se ven muy engrosadas y de un color rojo intenso, cubiertas por pequeñas pústulas y un manto blanquecino.
  • Edema de úvula (campanilla): aparece de manera súbita, normalmente relacionada con la ingesta de alimentos irritantes, o bien con determinados agentes alérgicos. La campanilla aparece muy engrosada, aumentada en longitud y brillante. Se trata de una situación que requiere tratamiento urgente, porque si se deja evolucionar puede llegar a taponar la entrada de aire a la vía respiratoria y causar asfixia.

Faringitis crónica

La infección permanece varias semanas. La pared de la faringe se ve de un color rojo-violáceo. Normalmente se debe a determinados irritantes tóxicos (como tabaco o alcohol), factores ambientales (sequedad o humedad muy intensas, contaminación atmosférica...), y a otras enfermedades (como el reflujo gástrico, diabetes, o dislipemias).

  • Atrófica: la pared de la faringe aparece adelgazada, dando lugar a escozor, dolor en la garganta, y sensación de cuerpo extraño. Muy asociada a tóxicos y al propio envejecimiento natural del organismo.
  • Hipertrófica: existe una inflamación de la mucosa faríngea, con dolor y pérdida de apetito. Es muy característico el dolor al tragar saliva, que desaparece cuando el paciente ingiere alimentos.

Debe tenerse en cuenta que los pacientes crónicos son propensos a desarrollar un carcinoma faríngeo. Los virus respiratorios suelen causar una faringitis moderada, asociada a  afonía, obstrucción nasal y tos.

 La infección por bacterias aparece con fiebre intensa y adenopatías (inflamación de ganglios linfáticos) en el cuello. Una de las bacterias que puede ocasionar faringitis es la asociada a gonorrea; lo más común en este caso es la presentación asintomática, o bien una sintomatología muy discreta con leve dolor de garganta y fiebre baja.

Complicaciones de la faringitis

Son casi inexistentes actualmente en España pero, sin un tratamiento adecuado, con el paso del tiempo la infección puede extenderse y dar lugar a endocarditis (infección de las válvulas y del tejido cardíaco) y glomerulonefritis (infección renal), que pueden requerir el ingreso hospitalario.

Además, se pueden formar abscesos en la pared de la faringe, que son acumulaciones de pus alrededor de las amígdalas. Necesitarán como tratamiento medicación antibiótica, humidificación del ambiente y, si no existe mejoría, extirpación quirúrgica del absceso. Antes de llegar a ésto, lo mejor es identificar los sítomas de la faringitis precozmente.

 

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Actualizado: 05/12/2013

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