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Salud al día
Herpes zóster
En los adultos el herpes zóster puede causar mucho dolor, e incluso dejar una secuela, la neuralgia postherpética, que provoca un dolor fijo o intermitente que puede acompañarse de un déficit de sensibilidad del nervio afectado.
Escrito por María Dolores Tuñón, Licenciada en Medicina por la Universidad de Alcalá de Henares
Revisado por Dr. José Antonio Nuevo González, Especialista en Medicina Interna. Servicio de Urgencias del Hospital Gregorio Marañón de Madrid

Síntomas principales del herpes zóster

Entre los síntomas del herpes zóster podemos encontrar los siguientes:

  • Se producen vesículas dolorosas a lo largo del recorrido de algún nervio (más frecuentemente torácicos o lumbares). Normalmente afecta sólo a un lado del cuerpo. Estas vesículas pueden crecer durante tres-cinco días y acabar uniéndose unas a otras, formando así grandes ampollas. Este es el principal síntoma del herpes zóster. Tras las ampollas se sucede una fase costrosa, que es la fase final de la lesión cutánea donde el riesgo de infección de las lesiones es mucho menor.
  • Antes de la aparición de las vesículas pueden surgir trastornos gastrointestinales, malestar general, fiebre y dolor de cabeza. Después se presenta dolor en el nervio afectado, que precede en 2-3 días a la aparición de las vesículas. 
  • El dolor es una de las características de esta dolencia, e incluso puede aparecer hasta 2-3 días antes de que broten las ampollas. Se debe a la afectación inflamatoria que produce el virus precisamente en los ganglios donde permanecía en estado latente.
  • Una de las complicaciones más importantes del herpes zóster es la neuralgia postherpética, que puede ocurrir hasta en un 50% de las personas mayores de 50 años, y ocasiona un dolor permanente o intermitente en el nervio afectado, incluso durante más de un año de pasado el episodio cutáneo. El dolor puede empeorar por la noche o con los cambios de temperatura. En algunos casos llega a ser incapacitante, y puede acompañarse, además, de un déficit de sensibilidad del nervio afectado. Esta es una de las secuelas más comunes de la infección por herpes zóster. Es más frecuente cuando no se trata con antivirales el zóster, en mujeres y cuando la afectación es oftálmica. En contra de lo que se puede pensar, no es más frecuente entre los inmunodeprimidos.
  • Si el virus se aloja en nervios craneales, puede llegar a afectar a los párpados y poner en peligro la visión. Se produce una queratitis que puede continuarse con glaucoma o iridocilitis grave.
  • En ocasiones poco frecuentes, se ve afectado el nervio mandibular. Ello ocasiona lesiones en el paladar, amígdalas, suelo de la boca e, incluso, en la lengua, y de este modo se pierde el sentido del gusto.
  • Al igual que el herpes simple, puede llegar al sistema nervioso central y causar meningitis (que ocasionará fiebre, dolor de cabeza y rigidez de nuca). Puede llegar a ocasionar parálisis motora como consecuencia de la infección de la médula espinal.
  • Otras afecciones neuromusculares asociadas al herpes zóster son:
    • Síndrome de Guillain-Barré: las extremidades presentan dolor, debilidad y parálisis. Este cuadro va progresando, ascendiendo hacia el tronco y la cara. Su evolución es variable; algunos pacientes tienen síntomas mínimos y otros, en cambio, pueden requerir ingreso hospitalario por debilidad de la musculatura respiratoria. Finalmente se resuelve espontáneamente en unas semanas.
    • Mielitis transversa: es una inflamación de la médula espinal. Se manifiesta con alteraciones sensitivas y motoras, que después evolucionan a parálisis de una o ambas piernas. En la mayoría de los casos la progresión de los síntomas se estabiliza en unos 10 días. No existe un tratamiento del todo eficaz, y su recuperación nunca es completa.
    • Miositis: inflamación de un músculo, que conlleva dolor y, si se deja evolucionar, puede producir necrosis.

Herpes zóster y el SIDA

En los últimos años se ha observado que el herpes zóster es una infección muy frecuente en personas con sida. En estos pacientes la enfermedad se presenta de forma más agresiva de lo normal. La formación de lesiones puede perdurar durante dos semanas.

La duración total de la enfermedad suele ser de dos-diez días, no obstante, pueden transcurrir de dos a cuatro semanas hasta que la piel llegue a recuperar su aspecto normal.

Actualizado: 25 de Abril de 2017

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'Fuente: 'XII Congreso Mundial de Dermatología Pediátrica y la Asociación Española de Pacientes y Familiares de Dermatitis Atópica’'

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