23 de mayo de 2012
La investigación muestra que programar el sueño en dos fases renueva la mente y, además, puede enriquecerla. Por el contrario, cuanto más tiempo permanece despierta una persona, más se aletarga su mente. Los mismos investigadores ya habían comprobado en estudios previos que la falta de sueño disminuye la capacidad para retener nuevos datos en casi un cuarenta por ciento, debido a la desactivación de regiones del cerebro que se produce durante la vigilia.
"El sueño no sólo arregla el mal de una vigilia prolongada sino que, a un nivel neurocognitivo, te sitúa en el lugar donde estabas antes de echar una siesta", explica Matthew Walker, director de la investigación.
En el referido estudio se dividió en dos grupos a 39 adultos jóvenes sanos. A mitad de jornada, todos ellos participaban en una tarea de aprendizaje que activa el hipocampo, una región del cerebro que se encarga de la consolidación de la memoria y el aprendizaje.
A las dos de la tarde, uno de los grupos durmió durante 90 minutos, mientras que el otro permaneció despierto. Posteriormente, sobre las seis de la tarde, ambos grupos llevaron a cabo una nueva ronda de ejercicios de aprendizaje. Los que habían dormido obtuvieron mejores resultados, realizaron mejor la prueba y aumentaron su capacidad de aprendizaje, en comparación con los que habían permanecido despiertos durante todo el día.
Las pruebas del electroencefalograma, que miden la actividad eléctrica en el cerebro, indicaron que el proceso de refrescamiento de la memoria que se produce durante la siesta, está asociado con la fase II del sueño no REM (siglas de Rapid Eye Movements, en inglés). El sueño de fase II es parcialmente reparador, no es suficiente para que el descanso sea considerado completo y ocupa alrededor del 50% del tiempo de sueño en el adulto. Walker añade que se desconocía el propósito de esta fase del sueño y que los resultados del estudio ayudan a comprender por qué los seres humanos pasan casi la mitad de sus horas de sueño en la fase II, no REM.

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Además de ser más eficaz, esta técnica, que se basa en la utilización de radiaciones ionizantes diminutas que se insertan en contacto con el tumor o muy cerca de él, tiene menos efectos secundarios.
Fuente: V Congreso Mundial de Braquiterapia