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Mascotas
Otitis en perros y gatos
La otitis es una dolorosa inflamación del oído frecuente en perros y gatos. Detectar sus síntomas y poner un tratamiento cuanto antes es clave para evitar que se agrave y se cronifique, y pueda llegar a causar sordera.
Escrito por María Bayón Piedrabuena, Veterinaria clínica de pequeños animales

Síntomas de la otitis en perros y gatos, y cómo se diagnostica

Cuando nuestra mascota padece alguna afección del oído, muestra una serie de signos clínicos, que pueden aparecer de manera aguda o progresiva. Normalmente se observan uno o más de estos síntomas que nos llevan a sospechar que el perro o el gato sufre otitis y debemos acudir al veterinario lo antes posible para diagnosticarla y tratarla:

  • Sacudidas frecuentes de cabeza.
  • Rascado de orejas.
  • Exudados cerosos de consistencia y color variables en el canal auditivo.
  • Mal olor.
  • Enrojecimiento del pabellón auditivo.
  • Lesiones cutáneas en las orejas y alrededor de estas: excoriaciones, costras, pústulas.
  • Dolor al tocar las orejas.
  • Cambios de carácter.

Si dejamos pasar el tiempo, una otitis externa puede progresar más allá del tímpano y desembocar en una otitis media o interna. En estos casos, el animal puede manifestar un ladeo constante de cabeza, incluso pérdida del equilibrio y marcha en círculos. Estos síntomas son propios de un síndrome vestibular.

Una de las posibles consecuencias del rascado y sacudidas constantes es el otohematoma, un acúmulo de sangre entre la piel y el cartílago auricular debido a la ruptura de capilares sanguíneos.

Los animales propensos a enfermar del oído, y que no reciben el tratamiento y los cuidados preventivos adecuados, manifiestan signos de otitis crónica, como la hiperqueratosis, liquenificación e hiperpigmentación del tejido auricular, consistentes en un engrosamiento y oscurecimiento del tejido epitelial, que puede conllevar sordera.

Diagnóstico de la otitis en perros y gatos

Aunque los síntomas de la otitis son fáciles de reconocer, no debemos dejar de acudir al veterinario, ya que una otitis simple puede empeorar en poco tiempo. Además, es necesario averiguar la causa para aplicar el tratamiento más eficaz. Para ello, el veterinario dispone de otoscopio –un instrumento para observar directamente el interior del canal auditivo–, con el que visualizará el grado de inflamación, el tipo y cantidad de secreción, la presencia de ácaros o de cuerpos extraños, y la integridad de la membrana timpánica.

Además, tomará una muestra del contenido para realizar una citología y observar al microscopio el tipo de exudado. El cultivo bacteriológico de esta muestra y la realización de un antibiograma son muy útiles para determinar con exactitud el patógeno responsable de la infección, y averiguar a qué antibióticos es sensible y en qué medida.

En las otitis medias e internas, y aquellas que no responden al tratamiento, puede ser necesario realizar pruebas adicionales. Se puede recurrir a técnicas de diagnóstico por imagen, como la radiología, la tomografía axial computadorizada (TAC), o la resonancia magnética. Gracias a ellas se puede visualizar el estado de las bullas timpánicas o la presencia de masas o pólipos.

Así mismo, ante la sospecha de enfermedades primarias como la alergia, la atopia, o el hipotiroidismo, deben llevarse a cabo test de alérgenos o analíticas sanguíneas completas. El tratamiento de estas enfermedades es esencial para evitar que propicien la aparición de otitis secundarias.

Actualizado: 31 de Mayo de 2017

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