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Entrevistas de Salud al día
Dra. Rosario Castaño

Dra. Rosario Castaño

Psicóloga clínica y sexóloga del Instituto Palacios, experta en menopausia
“La menopausia no crea depresión o irritabilidad, pero sí desencadena la parte más vulnerable de la mujer”

La Dra. Rosario Castaño es psicóloga y especialista en sexología.

La doctora Rosario Castaño, psicóloga clínica y sexóloga del Instituto Palacios, de Madrid, nos habla de la influencia que puede tener la menopausia sobre la afectividad y la vida sexual de la mujer, y nos da algunos consejos para que esta etapa natural e inevitable de la vida se afronte de la manera más positiva posible “aprendiendo a pedir ayuda, cuidando la autoestima, manteniendo un estilo de vida saludable, con dieta equilibrada y ejercicio, y no sintiéndose la única responsable de la buena marcha de la relación, porque es un juego de dos”.

Se habla mucho de la disfunción sexual que sufren las mujeres durante la menopausia. La disminución de la libido ¿es inherente a la menopausia, o se produce como consecuencia del malestar que ocasionan trastornos como sofocos, insomnio, sequedad vaginal...? Es decir, si una persona no se encuentra bien físicamente o siente dolor al mantener relaciones sexuales, es natural que pierda interés por el sexo, pero, ¿existe esa pérdida de interés o capacidad en la respuesta sexual, con independencia de otros síntomas asociados a la menopausia?

La edad media de la menopausia natural en Europa es a los 51 años y en Latinoamérica a los 48 años aproximadamente. A esa edad las mujeres suelen saber con quién se emocionan y qué les emociona sexualmente, porque conocen mejor su cuerpo que a los 20, aunque a esa edad es cuando se produce el nivel óptimo de testosterona.

Esta frase escrita en el diario de una mujer madura refleja una realidad que suele comenzar en el periodo de transición a la menopausia: “Me duele no tenerte cuando te deseo, pero más sufro cuando te deseo y mi cuerpo no responde”.

La puesta en marcha del deseo sexual está condicionada por las hormonas sexuales, y el motor sexual del cerebro funciona igual en hombres y en mujeres. La testosterona, hormona sexual masculina por excelencia, también la tienen las mujeres. Yo pienso que se debería llamar hormona del deseo, ya que interviene en el cerebro, concretamente en el hipotálamo, activando los sentidos, estimulando sensaciones físicas en las zonas erógenas, e impulsando el deseo sexual.

En el caso de las mujeres, la plenitud sexual se produce entre los 18 y los 45 años. En estas edades, y de acuerdo con el ciclo menstrual, los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona varían a lo largo del mes. Es una época caracterizada por la búsqueda de sexo y de pareja. La perimenopausia ocurre entre los 45 y los 52 años, y durante este periodo los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona varían de forma irregular, las mujeres sienten mayor preocupación ante sensaciones y emociones nuevas, y experimentan más cambios de humor y una mayor inquietud, lo que les provoca un deseo fluctuante. Alrededor de los 51 ó 52 años se produce la menopausia natural, y los niveles de estrógenos, progesterona y testosterona son bajos. Es entonces cuando tienen más preocupación por la salud y el futuro, y menor respuesta sexual a los estrógenos y testosterona.

Existen, no obstante, numerosos factores como la biología, la salud física y mental, la calidad de la relación, la cultura, la educación, y las normas sociales y prohibiciones del grupo social (lo que cada uno se permite hacer en el sexo) que juegan un papel fundamental en la vida sexual.

La menopausia no es la causa de la inhibición o disminución del deseo sexual pero la bajada brusca de hormonas y los síntomas como sofocos, insomnio o dificultades para conciliar el sueño y descansar, así como la sequedad vaginal y la dispareunia o dolor vaginal, sí contribuyen a la disminución del interés por las relaciones sexuales.

Hay que insistir en que aunque todas las mujeres tienen la menopausia, no todas sufren de forma intensa los síntomas propios de esta etapa, pero las que los tienen suelen buscar el tratamiento adecuado para aliviarlos, pues suelen encontrarse sin energía, cansadas, con malestar general y poca calidad de vida. En estos casos, la mujer suele evitar los encuentros, no quiere sexo, deja de tomar la iniciativa, y se va produciendo incomunicación y distanciamiento. Se instala una cierta desgana en la pareja y una rutina que no saben cómo solucionar.

Las mujeres que tienen pareja y presentan una disminución de la libido durante la menopausia tienen la preocupación añadida de cómo afectará esto a su relación, ¿qué pueden hacer para mejorar su vida sexual?

Cuando una mujer viene a consulta de sexología, lo primero que quiero saber es si ha habido una revisión ginecológica, si se ha hecho un estudio hormonal, y en qué momento de su ciclo vital se encuentra. También es necesario conocer la salud física de la pareja y la calidad de la relación.

Si ha habido una vida sexual plena y se vive una buena relación de pareja, las mujeres suelen preocuparse por estas dificultades y buscan soluciones. El primer paso es conocer si necesita tratamiento hormonal sustitutivo o, en el caso de dispareunia, cremas vaginales hormonales para la sequedad.

Si los trastornos asociados a la menopausia han reducido el interés sexual de una mujer, al mejorar estos trastornos con el paso del tiempo, ¿puede recuperar el interés perdido de forma natural, o necesita tratamiento o terapia en cualquier caso?

Unas veces el deseo y las ganas de sexo vuelven de forma natural una vez que se restablecen los niveles de salud y de bienestar óptimos. Hay casos, sin embargo, en los que las dificultades se han sufrido durante un tiempo prolongado y los encuentros sexuales se han espaciado durante meses e, incluso, años, y por diversas causas como:

  • Incomprensión de la pareja.
  • Ya había problemas sexuales antes de esta etapa y se han agudizado.
  • La mujer quiere cambiar su rutina sexual y no sabe cómo afrontarlo.
  • Existen problemas de pareja desde hace tiempo y ahora se deciden a hablarlo.
  • No existen problemas de convivencia pero han entrado en la rutina y el aburrimiento.

Es entonces, cuando suele estar indicada la terapia sexual.

Afrontar la menopausia sin miedo

Actualmente las mujeres tienen a sus hijos más tarde y llevan una vida más activa que sus madres; a los 50 años muchas mujeres tienen hijos pequeños, o adolescentes, y una vida laboral y social intensa. Esto es positivo, pero también crea la falsa sensación de alargar la juventud, y en una sociedad en la que medios de comunicación, publicidad, cine, etc. transmiten la idea de que la juventud y la belleza son requisitos indispensables para conseguir el éxito y la felicidad, la llegada de la menopausia, que está relacionada también con el envejecimiento, puede resultar traumática. ¿Qué consejo les daría a las mujeres de más de 40 para que afrontasen la llegada de la menopausia sin miedo?

La edad y los ciclos de la reproducción influyen en nuestra vida de forma directa; no es lo mismo tener hijos adolescentes con todos los problemas de esta etapa, que vivir sola o vivir en pareja con hijos adultos o los hijos independientes.

De todas las combinaciones posibles de familia con los que nos encontramos en esta sociedad postmoderna y de la globalización, lo que es cierto es que la menopausia natural llega a todas por igual, más o menos a los 52 años pero, a partir de los 45, hay una serie de cambios que ya se empiezan a notar. Yo aconsejo que no se tenga miedo pero tampoco se tome a la ligera.

Estas recomendaciones pueden ayudar:

  • Revisiones periódicas ginecológicas. Hablar con el médico en confianza, apuntarse las preguntas y todas las dudas que se tengan antes de ir a la consulta.
  • Un estilo de vida suficientemente sano; no hace falta obsesionarse con la salud, ejercicio moderado, sobre todo que sea un placer practicarlo, no fumar y cuidado con el alcohol y los alimentos.
  • Cuidar la piel del cuerpo y de la cara, ya que tiende a secarse y crea malestar.
  • Cuidar la vagina con hidratación y ejercicios vaginales.
  • Intentar rodearse de una combinación inteligente de optimismo y de realidad.
  • No sentirse la única responsable de la buena marcha de la relación, no olvidar que es un juego de dos.

Los cambios bruscos de carácter, la irritabilidad e, incluso, la depresión, se asocian frecuentemente con la premenopausia y la menopausia, ¿se pueden prevenir o aliviar estos trastornos?

El carácter no se cambia, es el que se forma en los dos primeros años de vida, y en parte se aprende de forma inconsciente, pero sí se puede aprender a controlarlo. Si alguien tiene tendencia a la irritabilidad cuando tenga algún problema de salud tenderá a estar más irritable todavía. La menopausia no crea depresión, irritabilidad, mal humor etcétera, pero sí desencadena la parte más vulnerable de la mujer.

Sí podemos prevenir este estado de ánimo siguiendo las recomendaciones que ya se han indicado y también:

  • Dejándose ayudar; hay que aprender a pedir ayuda y las mujeres a veces no saben hacerlo porque por educación suelen ser las cuidadoras.
  • Rodearse de gente que contagie la felicidad.
  • Cuidar con esmero la autoestima, teniendo proyectos propios y ocupándose de los asuntos que consideren de interés.
  • El ejercicio físico por sí solo no quita los sofocos ni otros síntomas, pero una vida activa ayuda a manejar mejor cualquier tipo de síntoma.

La menopausia no es una enfermedad, y sin embargo a algunas mujeres les afecta mucho física y psicológicamente. En el caso de menopausia precoz, sobre todo cuando el fallo ovárico se produce a edades muy tempranas (antes de los 35 años), este cambio inesperado puede producir mucha angustia, especialmente si la mujer desea tener hijos, ¿se trata a estas pacientes de manera diferente a aquellas que llegan a la menopausia a la edad habitual?

En la menopausia precoz suele estar indicada la terapia hormonal sustitutiva. Suele ser también un momento crítico, la mujer se tiene que enfrentar a una situación que no es habitual para su edad. Actualmente, si se quieren hijos se puede acudir a la fertilización con óvulos de donante o a la adopción.

A nivel psicológico no podemos generalizar, pero hay casos concretos que necesitan un tratamiento especial con psicoterapia de apoyo.

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