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Mente y emociones

Mitomanía, mentirosos compulsivos
Escrito por Juan Moisés de la Serna, Doctor en Psicología, Master en Neurociencias y Biología del Comportamiento
Los mentirosos patológicos falsean la realidad como vía de escape, para obtener atención e incluso admiración, y entran en un círculo vicioso que les acaba dejando solos en el laberinto de sus mentiras.

Diagnóstico de la mitomanía

Aunque su edad de inicio puede ser temprana, para el diagnóstico de la mitomanía o adicción a mentir se requiere una edad mínima de 18 años, que es cuando se considera que la personalidad está conformada y establecida, siendo el individuo plenamente consciente de sus acciones y las consecuencias que estas acarrean en los demás. Evitando así confundirse con las fabulaciones infantiles que no son mentiras en cuanto no falsean la realidad, ya que ésta todavía no está conformada y el niño la mezcla con hechos de la imaginación.

Además de la edad, en la mitomanía hay que distinguir que exista verdadera intención de engañar, y que esas mentiras no sean una manifestación de otros trastornos psicológicos como el trastorno facticio, donde la mentira llevada al extremo llega a convertirse en la realidad del paciente; o muestra del deterioro de algunas funciones cognitivas, como en el caso de las demencias, en las que el paciente, de una forma inconsciente, rellena con “recuerdos inventados” sus lagunas de memoria.

Igualmente hay que distinguirlo de quien se gana la vida con el engaño y se dedica a ello profesionalmente, lo que se conoce como un simulador, el cual es totalmente consciente de la mentira de sus palabras y de las consecuencias que estas provocan, y a pesar de ello engañan; todo ello sin estar motivado por la notoriedad o la admiración que pueda despertar en otros, unido a una personalidad con baja autoestima, sino que lo hace buscando el lucro personal o el conseguir una determinada meta.

 

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Actualizado: 27/03/2013

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