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Mente y emociones
Falta de ilusión
La ilusión es una de las emociones positivas que más motivan a una persona, y es necesaria para ser feliz. Conoce las razones por las que se puede perder la ilusión, y qué debes hacer para recuperarla.
Escrito por Dra. Vanesa Fernández López, Psicóloga, especialista en emociones

Qué es la ilusión

La ilusión es un estado emocional positivo caracterizado por la combinación entre el deseo por conseguir un objetivo y la creencia de que dicho objetivo puede llegar a conseguirse. Se trata por lo tanto de una emoción positiva que impulsa o motiva nuestras conductas. Dicha emoción está altamente mediada por elementos de carácter mental o cognitivos, como es el caso de nuestras expectativas (la creencia de lo que va a ocurrir si llevamos a cabo determinados actos) y de las atribuciones (la causa que atribuimos a las consecuencias que han seguido a nuestros actos).

No perder la ilusión depende de la motivación personal (motivación intrínseca) y de las ofertas que nos sugieren los otros (motivación extrínseca). La falta de ilusión es causa y consecuencia de la falta de motivación que da como resultado la no consecución de nuestros objetivos. Este hecho puede asociarse con problemas emocionales como ansiedad, ira o tristeza.

¿De qué depende que nos sintamos o no ilusionados?

Como acabamos de decir, las expectativas y las atribuciones son los dos elementos de carácter cognitivo que tienen un mayor peso a la hora de marcar un grado de ilusión elevada en el termómetro de la ilusión. Para entenderlo mejor imaginemos el siguiente ejemplo: un alumno, después de haberse presentado a un examen de la carrera muy importante, ha suspendido ¿De qué dependerá que dicho alumno tenga ilusión por intentar aprobar esa asignatura en la recuperación o, por el contrario, tire la toalla? La respuesta está en la explicación causal (atribuciones) que da a ese suspenso y a las expectativas que le genera dicha atribución. Así por ejemplo, si el alumno hace atribuciones de carácter permanente (“da igual lo que estudie, siempre suspenderé”), generales (“y será así en el resto de las asignaturas”) e incontrolables (“el profesor me tiene manía”), perderá la ilusión de aprobar porque se sentirá indefenso ante la situación acaecida. Por el contrario, si el alumno hace atribuciones de carácter temporal (“esto ha ocurrido en este examen y no tiene por qué ocurrirme en el siguiente”), específicas (“además no me ocurre en todas las asignaturas”) y controlables (“voy a estudiar más”), tendrá ilusión por aprobar el siguiente examen e intentarlo de nuevo.

También la motivación aumenta los niveles de ilusión; bien porque sea yo mismo quien deseo sin más un objetivo (motivación intrínseca): por ejemplo, quiero ser un buen médico porque es la ilusión de mi vida; quiero participar en esta ONG porque creo en el altruismo; o porque obtenga recompensas externas por haber conseguido mi objetivo (motivación extrínseca): por ejemplo, quiero ser un buen médico porque de esta manera ganaré mucho dinero; quiero participar en esta ONG porque está bien visto y la gente me admirará. La motivación intrínseca es la más potente a la hora de aumentar nuestro nivel de ilusión, pero en muchas ocasiones la falta de la misma puede suplirse con refuerzos externos.

Determinados rasgos de personalidad como el optimismo o la búsqueda de nuevas sensaciones pueden aumentar nuestro nivel de ilusión, así como también lo hace una historia previa de éxitos personales.

El trabajo y las relaciones de pareja o familiares suelen ser las principales áreas donde la falta de ilusión es más impactante a la hora de reducir nuestra satisfacción vital. La falta de ilusión en el trabajo puede estar motivada, además de por los factores anteriormente descritos, por factores inherentes al puesto de trabajo como la ambigüedad de rol (no tener claro cuáles son nuestras funciones), o la incompatibilidad de rol (tener funciones incompatibles entre sí dentro del mismo puesto de trabajo). También los bajos incentivos económicos, los contratos precarios, o el desempeño de labores que infravaloran la capacidad del trabajador pueden reducir la motivación profesional.

En lo que respecta a las relaciones de pareja y familiares, los conflictos frecuentes y repetidos que parecen no llegar a resolverse nunca, la rutina, o la falta de dedicación al otro, se encuentran entre los principales motivos que restan ilusión en este aspecto de la vida, y pueden llegar provocar la ruptura de la pareja o la separación entre los miembros de la familia. 

Actualizado: 7 de Diciembre de 2016

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Psicóloga y autora de ‘Transformación emocional: un viaje a través de la escritura terapéutica‘
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