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Mente y emociones
Claustrofobia
Los espacios cerrados, sobre todo si son pequeños o no están bien iluminados, generan en las personas con claustrofobia una ansiedad que interfiere en su vida diaria y laboral. Te contamos cómo afrontarlo.
Escrito por Dr. Juan Moisés de la Serna, Doctor en Psicología

Síntomas y manifestaciones de la claustrofobia

Cuando una persona sufre claustrofobia va a experimentar un aumento considerable de su actividad corporal propio de la ansiedad que acompaña a este trastorno, y que se va a manifestar en un incremento de la sudoración y del ritmo cardíaco, una sensación de falta de aire e hiperventilación, además de mareos y palpitaciones.

Estos síntomas de la claustrofobia irán progresivamente en aumento a medida que la ansiedad del afectado va retroalimentándose con pensamientos catastróficos del tipo de ser incapaz de moverse, o no poder salir del lugar cerrado u oscuro en el que se encuentra y en el que piensa que va a quedarse encerrado para siempre.

Igualmente, el claustrofóbico va a mostrar una conducta de evitación hacia aquellos espacios cerrados que le recuerden aquel donde tuvo una mala experiencia pasada –o simplemente por que le recuerde a alguna situación que le hayan contado o haya visto y que le genere esa intranquilidad–, tratando de esta manera de estar lo más alejado posible de los lugares o situaciones temidas, lo que en alguna ocasión puede crearle ciertos problemas sociales e incluso laborales.

Las personas que sufren claustrofobia, antes de entrar en espacios cerrados, analizan previamente a fondo el lugar, buscando dónde se encuentran las salidas, situándose lo más próximo a ellas, para que en el caso de una emergencia puedan ser de los primeros en salir del habitáculo en cuestión. Además, procuran que las ventanas del sitio donde estén permanezcan siempre abiertas, reduciendo así la sensación de espacio agobiante que sienten.

También es característico que, con el tiempo, se vaya produciendo una generalización de la claustrofobia de los espacios temidos a otros nuevos, por ejemplo, si al principio se temía a permanecer en un ascensor, luego será al autobús, el tren… como consecuencia de que la persona claustrofóbica, en vez de afrontar su problema y buscar ayuda especializada para tratarlo, ha ido dejándose vencer por sus miedos, que van progresivamente creciendo, interfiriendo cada vez más en su día a día.

Actualizado: 17 de Abril de 2015

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