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Mente y emociones
Tricotilomanía
Cuando de tocarse el pelo y jugar con él, se pasa a darse pequeños tirones hasta arrancarlo, y esta conducta se convierte en un hábito que no podemos dejar de hacer, podría tratarse de un caso de tricotilomanía.
Escrito por Dr. Juan Moisés de la Serna, Doctor en Psicología

Síntomas y manifestaciones de la tricotilomanía

El síntoma principal de la tricotilomanía es precisamente el hecho de arrancarse los pelos, normalmente de uno en uno, dejando en ocasiones zonas despobladas más o menos visibles, incluso zonas enteras del cuero cabelludo, sin que esta situación provoque ningún sufrimiento a la persona que lo padece.

Algunas situaciones son más propicias para que las personas que padecen tricotilomanía den rienda suelta a este impulso incontrolable, como:

  • Cuando la persona se siente especialmente incómoda y en tensión, por ejemplo debido a sus estudios o al trabajo, especialmente si tiene que rendir cuentas ante otro que le evalúa, o si tiene que hacer frente a situaciones que le producen gran ansiedad.
  • En los momentos de relajación, o incluso aburrimiento, en los que el paciente se encuentra en un estado de calma, en su casa o en un lugar tranquilo, por ejemplo viendo un programa en la televisión, o realizando cualquier otra actividad que no le suponga ningún esfuerzo y le resulte placentera.

La tricotilomanía, además, va acompañada de sensaciones y sentimientos que son los que originan y mantienen la enfermedad, y son los responsables de la dificultad del éxito del tratamiento terapéutico indicado al efecto, entre los que destacan:

  • Falta de control de los impulsos, que hace que la persona que lo sufre no pueda dejar de hacer lo que está haciendo, a pesar de que los demás se lo pidan, y de que él mismo pueda darse cuenta de ello.
  • Ausencia de dolor al arrancar el cabello del cuerpo o la cabeza, a diferencia de lo que sucede normalmente, ya que el dolor le avisaría de que lo que hace es inadecuado.
  • Falta de arrepentimiento una vez arrancado el pelo de raíz. A diferencia de lo que cabría esperar, en este caso la persona ve su conducta como algo normal, y no tiene sentimiento de culpa.
  • Falta de crítica sobre los efectos negativos de su manía, tendiendo a minusvalorar las zonas despobladas. Si alguien le pregunta o comenta algo al respecto, no se da por aludido, ni presta atención a sus palabras.

La persona que padece tricotilomanía no es capaz de percibir que tiene un problema, a pesar de las evidentes muestras de falta de pelo en algunas zonas del cuerpo. Esto va a retrasar el diagnóstico y va a dificultar el tratamiento, ya que si el afectado no reconoce que tiene un problema, tampoco pondrá de su parte para superar su manía.

Actualizado: 30 de Octubre de 2015

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