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Mente y emociones
Estrés postraumático
Ser parte de una catástrofe, un accidente o un secuestro deja evidentes huellas físicas, pero también secuelas psicológicas, como el estrés postraumático, que puede incapacitar al afectado en su día a día.
Escrito por Dr. Juan Moisés de la Serna, Doctor en Psicología

Tratamiento del estrés postraumático

En los casos de pacientes con estrés postraumático hay que tener en cuenta la dificultad de “pedir ayuda” que suelen tener por sí mismos, a pesar de que los síntomas puedan ser evidentes, el afectado suele justificarlos e integrarlos dentro de su vida, con lo que cuanto más tiempo pase, más difícil será que se dé cuenta de que necesita ayuda, y que por tanto no acudirá al especialista. Por lo que en ocasiones son los propios familiares, cansados de esos síntomas, los que convencen al paciente para que reciba ayuda terapéutica.

En el caso de que se trata de un niño, los padres, que son más sensibles a los cambios que éste experimenta, suelen llevar antes a la consulta al pequeño, lo que facilita que pueda ser tratado a tiempo del estrés postraumático, con lo que conlleva un mejor pronóstico en su recuperación. Cuando los padres desconocen que se ha producido ese acontecimiento traumático, no comprenden el motivo de aquellos síntomas y lo asocian a una mala racha del pequeño, que por su parte no les ha querido contar lo vivido.

Opciones de tratamiento para el estrés postraumático

Entre los tratamientos que se emplean ante un trastorno de estrés postraumático tenemos los siguientes:

- Tratamiento de exposición, como en el caso de la desensibilización sistemática, en el que progresivamente se irá exponiendo al paciente a la situación traumática temida, de forma que aprenda a hacer frente ante situaciones parecidas, así como a entender y aceptar los sentimientos que le está generando. Combatiendo directamente la evitación de lugares y situaciones que le recuerden esos momentos trágicos.

- Entrenamiento de inoculación de estrés, a través del cual se enseña al paciente a saber detectar sus nivel de ansiedad, y cuándo estos se empiecen a elevar, aplicar distintas técnicas para calmarse, tal y como la de respiración consciente y profunda o la visualización de imágenes agradables. Buscando con ello rebajar los niveles anormalmente elevados que sufre el paciente, así como evitar que surja de forma descontrolada la furia o la ira.

- Terapia congnitivo conductual, con técnicas de reestructuración cognitiva o de reforzamiento de hábitos saludables y castigo de aquellos inadecuados. Buscando superar esos pensamientos invasivos, en forma de sensaciones o flashes de los momentos traumáticos, a la vez que recupera hábitos saludables perdidos y se deshace de aquellos perjudiciales, como el consumo de alcohol u otras sustancias que se suelen ingerir como forma de “olvidar y superar” lo vivido.

- Terapia ocupacional, con lo que realizar actividades lúdicas o solidarias compartidas con otras personas, donde se le intente integrar y que poco a poco vaya recuperando el interés por las relaciones sociales. Buscando con ello combatir los sentimientos negativos, pesimistas y de soledad, además de superar el desapego que le conduce al aislamiento social.

A parte, cuando sea necesario, se acompañará de un tratamiento farmacológico complementario, para combatir los síntomas agudos con ansiolíticos, antidepresivos y estabilizadores del estado de ánimo.

En los casos en que ha pasado demasiado tiempo, en ocasiones se ha producido un bloqueo sobre el hecho traumático, sobre todo si ha sido producido en edades tempranas, a pesar de lo cual sigue generando síntomas en su vida actual. En dichos casos se suelen emplear técnicas de sugestión hipnótica, y en concreto la terapia regresiva, a través de la cual se trata de acceder a los recuerdos bloqueados, y a partir de ahí ir trabajando con dicha experiencia para poderla integrar sanamente en su vida.

Actualizado: 7 de Agosto de 2017

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