19 de junio de 2013

Entre el 0,5 y el 4% de los embarazos coinciden con miomas, que suelen ser únicos pero han de ser evaluados, ya que durante la gestación los miomas suelen crecer, están sujetos a mayor número de complicaciones, y pueden alterar el desarrollo de la gravidez y el curso del parto.
Parece que el factor hormonal placentario favorece el crecimiento de los miomas durante la gestación, pero solo ocurre en el 20% de los casos.
La existencia del mioma puede ser conocida antes del embarazo. De todas formas, el diagnóstico del mioma, así como de su crecimiento, se realiza por exploración física y por ecografía, como en los casos en que se producen fuera de la gestación.
Durante la exploración habitual de la embarazada podría sospecharse la existencia de miomas cuando el útero es mayor que el correspondiente al tiempo de gestación, y en algunos casos mediante la palpación de los mismos.
La ecografía, que hoy es un método de rutina, permite ver el número y tamaño de los miomas y precisar su localización, y la evolución durante la gestación. En casos especialmente difíciles puede emplearse la resonancia magnética nuclear, ya que es inocua para el feto, y podría permitir un diagnóstico más preciso.
Los miomas, incluso los que son muy voluminosos, son compatibles con embarazos y partos normales, pero lógicamente pueden aparecer complicaciones en cualquiera de los tres trimestres de la gestación, en el parto, y después del mismo.
Es mayor la incidencia de abortos por las dificultades que tiene el óvulo fecundado para implantarse en el útero.
Los miomas casi siempre disminuyen sensiblemente de tamaño, hasta casi desaparecer, con la involución del útero tras el parto. Si esto no sucede así, habrá que valorar la posibilidad de eliminarlos antes de una nueva gestación.
Durante el embarazo la conducta debe ser expectante, interviniéndose solo en caso de fuerza mayor, siempre de manera conservadora, es decir, de la forma menos invasiva posible, para no afectar a la evolución de la gestación.
En el parto hay un incremento del número de cesáreas debido a alteraciones en la dinámica uterina (es decir, a las contracciones), al aumento de placentas previas y alteraciones en la posición del feto y a obstrucciones del canal del parto, como se ha comentado.
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