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Argentina aprueba el consumo de marihuana con fines terapéuticos

Argentina ha aprobado que tanto adultos como niños puedan consumir derivados de la marihuana para tratar su enfermedad, siempre que esté clasificada como apta para recibir dicha terapia y dispongan de receta médica.
Médico recetando marihuana

El consumo de marihuana podría paliar algunas de las consecuencias de la quimioterapia.

05 de Mayo de 2017

El senado de Argentina ha aprobado por unanimidad el uso medicinal de la marihuana y sigue, por tanto, los pasos de algunos de sus países vecinos como Uruguay, Chile, México, Brasil y Colombia, donde el uso medicinal de esta droga ya está permitido. La norma argentina, aunque no permite el autocultivo, sí que posibilita a los organismos científicos estatales su producción con fines de investigación.

El uso de la marihuana podría ser efectivo en enfermedades que provocan crisis epilépticas, como el síndrome de West y otros tipos de epilepsias refractarias severas

De esta manera, los ciudadanos argentinos que estén afectados por determinadas enfermedades (independientemente de su edad) ya pueden recibir de forma gratuita el aceite de cáñamo u otras variedades de la marihuana para paliar el dolor u otras molestias derivadas de su afección. Algo permitido siempre y cuando estos pacientes dispongan de receta médica, y su enfermedad esté registrada como una de las permitidas para recibir dicha terapia. Entre las clasificadas como tal destacan el autismo y otras que provocan crisis epilépticas, como el síndrome de West, por ejemplo. Y es que, tal y como afirma Ana María Nicora, presidenta de Cannabis Medicinal Argentina, la principal asociación en demandar dicha ley, un 30% de las epilepsias no responde a la medicación tradicional.

Asimismo, según profesionales como Carlos Magdalena, neurólogo pediatra del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, en Buenos Aires, los beneficios de la marihuana medicinal están demostrados. Y es que, según un análisis realizado por este especialista, el consumo de aceite de cannabis consiguió disminuir las crisis convulsivas de siete niños voluntarios que padecían el síndrome de West y otros tipos de epilepsias refractarias severas. Además, según otra investigación citada por este mismo médico, y realizada en Estados Unidos en el año 2015, un 85% de los menores analizados que padecía epilepsia consiguió reducir la frecuencia de las crisis convulsivas, y un 14% fue capaz incluso de remitir la enfermedad gracias al consumo de un tipo específico de cannabinoides (químicos de la marihuana) llamado cannabidiol (CBD).

Las personas bajo tratamiento oncológico, especialmente quimioterapia, son otro colectivo que puede beneficiarse de dicha ley. Algo que para Marcelo Morante, profesor de Medicina Interna y especialista en dolor de la Universidad Nacional de La Plata (Argentina) resulta una buena noticia. Según este experto, a diferencia de otros fármacos, el cannabis, tiene gran capacidad para paliar algunas de las consecuencias de la quimioterapia, como pueden ser el dolor, la alteración del sueño, o la falta de apetito, entre otras.

Controversia sobre los beneficios del cannabis

A pesar de que la propuesta ha sido aceptada por unanimidad, las sociedades médicas sudamericanas se muestran más cautelosas a la hora de hablar sobre las indicaciones medicinales del cannabis y sus derivados. En concreto, una revisión de un total de 79 ensayos clínicos publicados en la revista JAMA en el año 2015 concluyó que el uso de los cannabinoides para aliviar el dolor crónico y la espasticidad (músculos tensos y rígidos) conseguía unos resultados de “moderada calidad”. Una efectividad que, según esta misma revisión y según algunos especialistas, era más baja a la hora de aliviar vómitos o náuseas provocados por la quimioterapia, caquexia (debilitamiento físico) por VIH, trastornos del sueño, y síndrome de Tourette, por ejemplo.

Además, según un informe sobre el uso medicinal de la marihuana publicado por el National Academies of Sciences, Engineering and Medicine (NAS), si bien el cannabis podría mejorar los síntomas y el dolor de algunas enfermedades, también podría conllevar mayor riesgo de provocar esquizofrenia, psicosis, ansiedad social, y depresión.

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