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Por qué caminar es bueno para la salud del cerebro

Caminar favorece la salud del cerebro, ya que el impacto del pie sobre el suelo mejora de forma significativa el aporte sanguíneo que recibe este órgano, lo que ayuda a prevenir un ictus o accidente cerebrovascular.
Persona corriendo

Caminar aumenta más el riego sanguíneo cerebral que montar en bicicleta.

28 de Abril de 2017

Caminar, correr o montar en bicicleta mejoran significativamente el riego sanguíneo del cerebro, según revela una investigación que han realizado científicos de la Universidad de Tierras Altas de Nuevo México, en Las Vegas (Estados Unidos). El impacto del pie sobre el suelo mientras caminamos o corremos genera ondas que fluyen a través de las arterias en dirección contraria a la circulación sanguínea, y se sincronizan con la frecuencia cardíaca y la de los pasos al andar, regulando y optimizando el riego cerebral.

En el estudio participaron 12 adultos sanos, y los investigadores calcularon el flujo sanguíneo que recibían ambos lados de su cerebro mientras caminaban a una velocidad de un metro por segundo, o simplemente permanecían de pie, empleando para ello técnicas de ecografía no invasivas, que medían la velocidad de las ondas sanguíneas a través de la arteria carótida, y el diámetro de las arterias.

Aunque el impacto del pie sobre el suelo es inferior cuando se camina que cuando se corre, andar es suficiente para provocar grandes ondas de presión que incrementan significativamente el aporte de sangre al cerebro

Comprobaron que aunque el impacto del pie sobre el suelo era inferior cuando se camina que cuando se corre, andar es suficiente para provocar grandes ondas de presión a través del organismo que incrementan significativamente el aporte de sangre al cerebro, un factor muy importante porque puede ayudar a prevenir patologías tan graves como el ictus, que se produce a causa de una reducción u obstrucción del flujo sanguíneo a alguna zona del cerebro. Observaron, además, que caminar aumenta más el riego sanguíneo cerebral que montar en bicicleta, ya que pedalear tiene un impacto más leve que el de la pisada.

Ernest Greene, director de este trabajo, cuyos resultados se han presentado en la Reunión Anual de biología Experimental 2017 de la Sociedad Americana de Fisiología (APS), ha explicado que existe un ritmo optimizado entre la deambulación y el flujo sanguíneo que llega al cerebro, y que la frecuencia del paso y los impactos del pie sobre el suelo se sitúan en el rango del ritmo cardíaco de una persona –alrededor de 120 pulsaciones por minuto– cuando camina con rapidez.

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