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Ser madre pasados los 35 tiene beneficios cognitivos para los hijos

Los expertos relacionan una mayor edad de las madres, tendencia en las últimas décadas, con un menor riesgo de problemas emocionales y conductuales, así como con un mejor desarrollo cognitivo de sus hijos.
Madre de mediana edad con su hijo

29 de Agosto de 2017

Diversos estudios ponen de manifiesto la necesidad de seguir investigando en torno a los procesos de embarazo y parto en la mujer, especialmente en lo relativo a la edad en la que se convierten en madres. Lo vimos el pasado mes de diciembre de 2016 cuando el European Journal of Developmental Psychology (EJDP) publicaba un estudio que relacionaba una crianza más positiva, llevada a cabo por parte de mujeres con entre 35 y 39 años de edad, con un mejor desarrollo cognitivo infantil.

Según la investigación, llevada a cabo con una muestra de casi 5.000 mujeres danesas, los hijos de madres mayores de 35 años, al llegar a edades comprendidas entre los 7 y los 11 años, presentaban menos problemas emocionales y de habilidades sociales. La razón para los autores se haya en que las personas nos hacemos más tolerantes y flexibles con la edad, lo que repercute directamente en la crianza de la descendencia gracias a un ambiente más positivo y empático, libre de castigos y gritos. Al contrario de lo que se pudiera pensar, no encontraron que el nivel educativo o la situación económica influyeran en el resultado, sino que la mayor edad de la madre bastaba por sí misma para hallar resultados positivos.

Una mayor edad de la madre puede hacerla más tolerante y flexible, lo que repercute directamente en una crianza más empática de la descendencia

Un estudio más reciente, publicado en febrero de este año por The International Journal of Epidemiology, observó la asociación que existía entre el desarrollo cognitivo de los hijos y la edad de la madre comparando los datos de tres amplias muestras de diferentes períodos de Reino Unido, el 'Millennium Cohort Study' (MCS) de 2000 a 2002, el Estudio Nacional de Desarrollo Infantil de 1958 y el Estudio de Cohorte Británico de 1970); en la más reciente éste aumentaba a medida que lo hacía la edad de la madre, con independencia también de factores que a priori podrían parecer determinantes como antecedentes familiares, el nivel educativo o la situación económica.

Primípara añosa

En 1950, el obstetra y ginecólogo Edward G.Waters utilizaba por primera vez en Pregnancy and labor experiences of elderly primigravidas el término ‘primípara añosa’ para referirse a aquella mujer que en el momento de su primer parto ya había cumplido o pasaba los 35 años. Pese a que el término fue adoptado posteriormente por la Federación Internacional de Ginecólogos y Obstetras (FIGO) y por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), y se mantiene vigente en la actualidad, algunos autores no creen que deban considerarse “partos de riesgo” dado el aumento de la edad materna en los últimos años y la falta de evidencia y estudios con amplias muestras al respecto, por lo que opinan que debería llevarse a cabo una revisión del término.

Y es que, la edad materna para la llegada del primer hijo se ha ido incrementando a nivel global a lo largo de las últimas décadas. En España, por ejemplo, más del 30% de los partos que se producen son por parte de mujeres mayores de 35 años; y algo más del 7% de los niños nacidos en 2015 lo hacía de mujeres que pasaban los 40 años, convirtiéndose así en el segundo país europeo con la tasa más alta de primíparas de más de 40.

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