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Entrevistas de Salud al día
Dr. José María Muñoz, experto en tratamiento del dolor

Dr. José María Muñoz

Jefe de la unidad de dolor y director médico del Hospital La Paz de Madrid
"El dolor crónico puede considerarse como una enfermedad en sí mismo, y el tratamiento no sólo debe orientarse al alivio del síntoma, sino también a la problemática global del enfermo y a la repercusión que tiene en su vida familiar, anímica, laboral…"

Dr. José María Muñoz, experto en tratamiento del dolor.

El dolor, como síntoma, cumple una función, que es detectar la presencia de una enfermedad o una lesión. Sin embargo, se convierte en un grave problema sanitario –que solo en España sufren más de seis millones de personas– cuando persiste tras la desaparición de la patología que lo ha causado. En Europa, el dolor crónico no maligno afecta al 20% de los adultos, deteriorando de forma significativa su calidad de vida y sus relaciones y se ha comprobado, por ejemplo, que las posibilidades de que una persona abandone su puesto de trabajo por causa de una enfermedad son siete veces más en el caso de que padezca dolor crónico. El envejecimiento y las patologías asociadas a este proceso también facilitan la aparición de dolor crónico, y según la Organización Mundial de la Salud en 2005 alrededor de 600 millones de personas mayores de 60 años presentaban ya este problema. El Dr. José María Muñoz, jefe de la Unidad de Dolor y director médico del Hospital La Paz de Madrid, nos explica cómo funcionan estas unidades, y los medios disponibles actualmente para abordar el tratamiento del dolor crónico.

Normalmente, el dolor es uno de los síntomas de una enfermedad pero, ¿puede ser considerado el dolor crónico una enfermedad en sí mismo?

Efectivamente, el dolor puede ser un síntoma que avise de la presencia de una enfermedad, lo que facilita el diagnóstico y la toma de medidas para combatirla. Sin embargo, el dolor crónico carente de utilidad biológica puede considerarse como una enfermedad en sí mismo. En estos casos, el tratamiento no sólo debe orientarse al alivio del síntoma, sino también a la problemática global del enfermo y a la repercusión que esta situación tiene en su vida familiar, anímica, laboral, etcétera.

¿Qué son y cómo funcionan las Unidades del Dolor?

Hay diferentes tipos de Unidad del Dolor dependiendo del perfil de los pacientes atendidos (agudos, crónicos, o ambos), del tipo de centro asistencial en el que están ubicadas, y del nivel de especialización del personal que las atienden. Las Unidades de mayor nivel incorporan a profesionales médicos de varias especialidades, personal de enfermería, fisioterapia, psicología, etcétera. Dependiendo de los recursos humanos y materiales disponibles, en estas unidades se pautan tratamientos farmacológicos, se realizan técnicas analgésicas de variable complejidad, se brinda apoyo psicológico, se realizan actividades formativas para profesionales y pacientes, y se desarrollan actividades investigadoras.

En las Unidades del Dolor se pautan tratamientos farmacológicos, se realizan técnicas analgésicas de variable complejidad, se brinda apoyo psicológico, se realizan actividades formativas para profesionales y pacientes, y se desarrollan actividades investigadoras

¿En qué casos está indicado derivar al paciente a una de estas unidades?

La primera línea de tratamiento corresponde al médico de atención primaria y a los diferentes especialistas que atienden a pacientes que refieren dolor. Una vez instaurado un tratamiento analgésico correcto, que puede ser eficaz en la mayoría de los casos, un determinado número de enfermos puede presentar dolor persistente de difícil control, lo que justifica su envío a unidades especializadas. En las Unidades del Dolor puede bastar con realizar ajustes sencillos o cambiar la medicación, lo que permite reenviar al paciente al médico que realizó la consulta, pero en otras ocasiones puede ser preciso instaurar tratamientos complejos que requerirán un seguimiento más estrecho en la propia Unidad.

Datos de la Sociedad Española del Dolor (SED) indican que en España el 20% de la población padece algún tipo de dolor crónico, y que en el 9% de los casos les sucede a diario. Con todos los grandes avances que se han desarrollado en la medicina y la industria farmacéutica, ¿no hay medidas eficaces para mejorar la calidad de vida de estas personas?

Efectivamente, la prevalencia del dolor crónico es elevada, con porcentajes variables dependiendo del tipo de estudio desarrollado. Los avances en las terapias disponibles han permitido que en la mayoría de los enfermos se pueda conseguir un alivio considerable del dolor, lo que no quiere decir que pueda siempre eliminarse por completo. El objetivo es disminuir la intensidad del dolor y conseguir un nivel de funcionalidad que permita al enfermo desarrollar una vida lo más normal posible. Junto a ello, el apoyo psicológico, las medidas higiénicas, dieta, ejercicio, etcétera, pueden contribuir a alcanzar este objetivo.

Opioides y otras terapias para tratar el dolor

Según una encuesta realizada por ‘Iniciativa de Política Global de Opiáceos (GOPI), más de 4.000 millones de personas viven en países donde una regulación excesiva dificulta el acceso a los opioides para tratar el dolor del cáncer, ¿por qué cree que a estas alturas todavía existen tantas trabas para el empleo de estos tratamientos cuando son necesarios?

El uso de opioides en el tratamiento del dolor por cáncer no debería restringirse innecesariamente. Las trabas que hay actualmente para su acceso se explican por el temor a su uso inadecuado y a las complicaciones graves que su mala utilización puede originar. Aunque debe existir una regulación para el uso de los opioides, ésta debe orientarse a su utilización segura más que a la restricción en su uso. Para ello, es clave que los profesionales sanitarios sean conscientes de la justificación de su indicación, especialmente en el paciente con cáncer, y que tengan la formación suficiente para prescribirlos de manera correcta, reconociendo y tratando los posibles efectos secundarios que estos medicamentos pueden originar.

Aunque debe existir una regulación para el uso de los opioides, ésta debe orientarse a su utilización segura más que a la restricción en su uso

Muchos pacientes con cáncer sufren lo que se conoce como dolor irruptivo, que aparece varias veces al día, y cuyas características y respuesta al tratamiento son distintas en cada persona, ¿qué pautas se siguen para establecer una terapia individualizada en estos casos?

La primera regla es que el tratamiento de base sea correcto y suficiente, es decir, que fuera de los episodios de dolor irruptivo, el dolor basal esté correctamente controlado, lo que normalmente se consigue con dosis adecuadas de opioides. A pesar de ello, puede haber momentos puntuales en que sea necesaria una medicación adicional con dosis menores de otros opioides de acción rápida y corta. La asociación del opioide basal y el opioide de rescate consigue buenos resultados analgésicos de una manera individualizada, pues el número de rescates estará en función del número de veces en que aparezca el dolor irruptivo.

El tratamiento psicológico puede ser de gran utilidad en pacientes seleccionados, sobre todo en aquellos casos en que el dolor mantenido repercute en el estado de ánimo, las relaciones familiares, laborales, sexuales…

He leído que algunas terapias alternativas, como la acupuntura, resultan efectivas en el tratamiento del dolor, ¿se suelen utilizar como complemento a los fármacos?

Efectivamente, hay terapias complementarias que pueden asociarse al resto de tratamientos. En el caso del dolor intenso, sobre todo de origen oncológico, su efecto es limitado e insuficiente como tratamiento único, pero combinadas con medicamentos y otras técnicas analgésicas pueden ser de utilidad.

¿Es conveniente que los pacientes de dolor crónico reciban también tratamiento psicológico?

El tratamiento psicológico puede ser de gran utilidad en pacientes seleccionados, sobre todo en aquellos casos en que el dolor mantenido repercute en el estado de ánimo, las relaciones familiares, laborales, sexuales… Es importante que la terapia psicológica sea realizada por profesionales expertos y se integre dentro del tratamiento global del enfermo, por lo que la comunicación dentro del equipo es especialmente importante.

El abordaje interdisciplinar del dolor, integrando a profesionales médicos de varias especialidades, y a profesionales de otras disciplinas, ofrece los mejores resultados, y facilita la recuperación del enfermo y de su calidad de vida

En su opinión, ¿cuáles son los principales avances que se han producido en el tratamiento del dolor en la última década?

Hemos sido testigos de grandes avances en la disponibilidad de medicamentos, dispositivos y técnicas disponibles para el alivio del dolor, pero quizá lo más importante de esta última década ha sido la concienciación de que el dolor es frecuente y que debe ser tratado. El abordaje interdisciplinar, integrando a profesionales médicos de varias especialidades, y a profesionales de otras disciplinas, ofrece los mejores resultados, y facilita la recuperación del enfermo y de su calidad de vida.

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