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Salud al día
Atrofia vaginal
La atrofia vaginal o vaginitis atrófica –muy frecuente en mujeres postmenopáusicas–, provoca sequedad e inflamación de la vagina. Conoce sus causas y, sobre todo, qué puedes hacer para aliviar sus síntomas.
Escrito por Miguel Vacas, Residente de Medicina Interna del Hospital Universitario Príncipe de Asturias

Diagnóstico de la atrofia vaginal

La anamnesis (entrevista clínica realizada por el médico sobre la sintomatología del paciente) es una parte muy importante para el diagnóstico de la vaginitis atrófica. Una anamnesis detallada proporciona al médico la información suficiente para poder sospechar esta patología.

Tras la anamnesis es necesaria una adecuada exploración física y ginecológica. Con la introducción del espéculo el facultativo puede visualizar directamente la apariencia de la vagina, que suele presentar unas paredes adelgazadas y enrojecidas, aunque en otras ocasiones pueden ser de un color más pálido. De este modo puede examinarse también el cuello uterino y comprobar si existen signos de prolapso de algún órgano pélvico.

La exploración ginecológica se aprovecha, si se considera oportuno, para extraer muestras para su posterior análisis. Las pruebas que se realizan con las muestras obtenidas son fundamentalmente el examen en fresco y la prueba de Papanicolau.

La preparación en fresco de la secreción vaginal permite descartar otras causas como las infecciones, que producen una sintomatología similar a la que tiene lugar en la atrofia vaginal. Para la realización de esta prueba, el médico, tras la colocación del espéculo, introduce un hisopo en la vagina de la paciente y recoge una muestra de la secreción vaginal, que es analizada después en el laboratorio en busca de signos de infección.

Por su parte, la prueba de Papanicolau consiste en recoger una muestra de células cervicales para examinarlas al microscopio. Esta prueba se emplea fundamentalmente para descartar cáncer cervicouterino.

Si la paciente refiere síntomas urinarios es frecuente que se realice un análisis de orina, lo que permite comprobar si existe o no infección urinaria.

Finalmente, también se puede realizar una analítica de sangre que incluya el perfil hormonal (medir niveles de hormona foliculoestimulante (FSH) y de estradiol), permitiendo objetivar el descenso en sangre de los niveles de estrógenos. Con ello se confirma el diagnóstico.

Actualizado: 25 de Agosto de 2017

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Escrito por:

Miguel Vacas

Residente de Medicina Interna del Hospital Universitario Príncipe de Asturias
Miguel Vacas

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