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Salud al día
Bocio
El bocio es un aumento del tamaño de la glándula tiroides, que puede causar tos, ronquera, o dificultad para tragar o respirar. Conoce sus causas y tratamiento, y qué puedes hacer para prevenir su aparición.
Escrito por Miguel Vacas, Residente de Medicina Interna del Hospital Universitario Príncipe de Asturias

Diagnóstico del bocio

Para llegar al diagnóstico de bocio son muy importantes tanto la anamnesis (entrevista clínica realizada por el médico sobre los síntomas del paciente), como la exploración física, pero hay disponibles numerosas pruebas de imagen que permiten obtener una muy buena visión de la anatomía del tiroides, lo que permite concretar el diagnóstico.

  • Anamnesis: debe ser muy detallada, con el objetivo de recoger la mayor cantidad de datos posible. Debe interrogarse al paciente sobre la duración y los cambios de tamaño del bocio (en general los bocios de larga evolución sugieren benignidad, mientras que los de rápido crecimiento sugieren malignidad), la procedencia del paciente (bocio endémico), la ingesta de sal yodada, y el consumo de fármacos que contengan yodo o de acción bociógena, la exposición a radiación cervical (aumenta el riesgo de cáncer de tiroides), la existencia de antecedentes familiares de enfermedad tiroidea (enfermedades autoinmunes), y la presencia de síntomas compresivos locales o generales sugestivos de disfunción tiroidea.
  • Exploración física: debe realizarse una exploración cuidadosa del cuello, tanto en posición normal, como en hiperextensión. Mediante la palpación de éste se determinan, entre otras cosas, el tamaño, la forma y la consistencia del tiroides, si se trata de un bocio difuso, o se delimitan uno o varios nódulos tiroideos, si éstos son superficiales o profundos, si el tiroides es o no doloroso al tacto, o si existen o no ganglios inflamados. La glándula tiroidea normal no es visible, y a la palpación es de consistencia elástica y de pequeño tamaño. Un nódulo de consistencia dura, sobre todo si está adherido a las estructuras adyacentes, o si se acompaña de ganglios inflamados, es sugestivo de malignidad.
  • Analítica de sangre: la medición en sangre de sustancias como la TSH (hormona estimulante del tiroides, producida por la glándula hipófisis), o la T4 (hormona tiroidea) permite ver si existe hiperfunción o hipofunción tiroidea, lo que contribuye a orientar el diagnóstico. Sin embargo, la mayoría de las veces la función tiroidea suele ser normal y los niveles de estas sustancias en sangre son normales. También se puede ver en la analítica de sangre la existencia o no de anticuerpos contra el tiroides (su presencia orienta hacia una causa inmunológica), o de otras sustancias como la calcitonina, que orienta hacia un origen canceroso del bocio.
  • Radiografía simple: en los casos en los que el bocio esté producido por un cáncer, se puede solicitar la radiografía de tórax para comprobar si existen metástasis en órganos como los pulmones.
  • Gammagrafía tiroidea: esta prueba, que consiste en irradiar la glándula tiroidea con radioyodo, permite realizar un estudio funcional del tiroides; es decir, ver qué zonas de éste captan radiación y cuáles no. Así, los nódulos tiroideos pueden ser hipercaptantes o calientes (captan mas radiación que el resto del tiroides), templados (captan radiación de forma similar al resto de la glándula), o hipocaptantes o fríos (no tienen captación).

La información de esta prueba puede ser muy útil, aunque suele ser insuficiente para tomar decisiones diagnósticas y terapéuticas.

  • Ecografía tiroidea: es la técnica de elección para el estudio de la morfología del tiroides, ya que permite definir la existencia de nódulos, su tamaño, y si son sólidos o quísticos; sin embargo, no proporciona información sobre la actividad funcional de los nódulos, por tanto, no informa de la naturaleza benigna o maligna de éstos. También permite controlar el tamaño de nódulos ya conocidos en el tiempo, para ver su evolución o guiar otras técnicas como la punción del tiroides.
  • Punción aspiración con aguja fina (PAAF): permite, sin necesidad de cirugía, conocer la naturaleza benigna o maligna de un nódulo. La PAAF permite obtener células del tiroides que posteriormente son estudiadas en el laboratorio, viendo así si son benignas o malignas. Es una técnica segura y tiene pocas complicaciones, siendo la base del diagnóstico de los nódulos tiroideos.
  • Biopsia quirúrgica: se extrae una porción del tiroides, o éste completo, para su posterior análisis.

Actualizado: 31 de Julio de 2017

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Escrito por:

Miguel Vacas

Residente de Medicina Interna del Hospital Universitario Príncipe de Asturias
Miguel Vacas

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Salud en cifras

1%
de la población padece algún trastorno del espectro autista (TEA)
'Fuente: 'Fundaciones del ámbito social y de salud, Ampans y Althaia''

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