Para llegar al diagnóstico de un tumor exocrino de páncreas puede ser necesario realizar las siguientes pruebas:

  • Exámenes de laboratorio: no son específicos de patología tumoral, pero si las enzimas pancreáticas aparecen elevadas orientan a una posible lesión a este nivel. Además, se pueden determinar en la sangre los denominados “marcadores tumorales”, que son unas sustancias que se elevan en la sangre en determinado tipos de tumores. Aunque no siempre son específicos de cáncer, a veces, junto con otras pruebas,  ayudan al diagnóstico y especialmente al seguimiento de esta enfermedad. El marcador más utilizado en el estudio del cáncer de páncreas es el CA 19.9.
  • Ecografía: muchas veces, el páncreas no se ve adecuadamente con esta prueba pues es un órgano que está relativamente profundo y se puede interponer el gas del estómago, el duodeno o el colon. Tampoco detecta bien tumores menores de 2-3 cm. La ecografía podría detectar solamente el 60-70% de los cánceres de páncreas. Sin embargo, suele ser la prueba inicial del estudio pues es una prueba muy accesible, no dolorosa y sirve para evaluar la vía biliar. En ocasiones, se realiza una ecografía endoscópica, que se realiza a través de un endoscopio que se introduce por la vía digestiva, lo que aumenta mucho la sensibilidad de la ecografía habitual.
  • TAC: la tomografía axial computarizada es capaz de detectar masas más pequeñas que la ecografía, y además con esta prueba se puede comprobar si el tumor se ha extendido a órganos vecinos o a ganglios linfáticos.
  • RNM (resonancia nuclear magnética): puede ser de utilidad en algunos casos en los que existan dudas diagnósticas con la TAC.
  • PET: la tomografía por emisión de positrones es una prueba de imagen que no está disponible en la mayoría de lo centros. Es especialmente útil en la detección de posibles metástasis ocultas. Muchas veces se realiza a la vez que una TAC (PET-TAC) lo que permite una mayor sensibilidad para el diagnóstico de cáncer de páncreas.
  • CPRE (colangiopancreatografía retrógrada endoscópica): esta prueba consiste en la introducción de un endoscopio por la boca del paciente previamente anestesiado, para ver la luz del tubo digestivo; después se introduce un contraste por la vía biliar y pancreática y se realizan radiografías para observar las posibles obstrucciones o cálculos. Permite diferenciar entre un cáncer de páncreas y una pancreatitis crónica.
  • Biopsia: permite la obtención de muestras del tejido tumoral. Se suele hacer por medio de una aguja fina y guiada con una prueba de imagen como la TAC o la ecografía endoscópica. No siempre es necesario hacer la biopsia pues a veces se tiene seguridad diagnóstica con las pruebas de imagen y se va directamente a la cirugía para quitar el tumor.

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Creado: 9 de marzo de 2012

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