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Salud al día
Síndrome de fatiga crónica
El síndrome de fatiga crónica se caracteriza por un cansancio extremo y prolongado que no está relacionado con un esfuerzo previo ni mejora con el descanso. No tiene cura, pero hay tratamientos que ayudan a los afectados.
Escrito por Dr. José Antonio Nuevo González, Especialista en Medicina Interna. Servicio de Urgencias del Hospital Gregorio Marañón de Madrid

Síntomas del síndrome de fatiga crónica

El pilar fundamental sobre el que gira el síndrome de fatiga crónica es, como su nombre indica, la fatiga, entendida como un cansancio desproporcionado y mantenido en el tiempo. Es, por tanto, el síntoma sine qua non. Las personas que padecen la enfermedad a menudo reconocen un momento concreto a partir del cual presentan este síntoma, progresando con el tiempo hasta una situación incapacitante, que altera profundamente todas las esferas de su vida (personal, social, laboral). Es quizá un proceso infeccioso agudo el que habitualmente desencadena este y el resto de síntomas, como por ejemplo una mononucleosis, o un catarro de vías respiratorias.

Asimismo existe una alteración de la memoria y de la concentración en estas personas, que les impide ejercitar sus actividades rutinarias con normalidad. Se acompañan generalmente de cefalea y alteraciones del ánimo.

Entre los síntomas del síndrome de fatiga crónica que pueden asemejar a un proceso infeccioso, destacan la inflamación de los ganglios del cuello o de las axilas, que suelen ser dolorosos, el dolor de garganta prolongado, el dolor articular sin inflamación ni rigidez, e incluso cierto grado de fiebre.

En un alto porcentaje de los casos, superior al 50%, pueden presentar síndrome seco, o al menos parte de sus síntomas, pero sin criterios analíticos de enfermedad de Sjögren.

Es frecuente que estas personas puedan presentar lipotimias o desvanecimientos, así como sudación excesiva y mareos con bajadas de tensión.

Los afectados por síndrome de fatiga crónica presentan algunos puntos comunes con otros trastornos de causa también desconocida, como el síndrome del intestino irritable, manifestando períodos de diarrea y estreñimiento; dismenorrea y endometriosis; tiroiditis autoinmune; síntomas similares a la fibromialgia, aunque hoy por hoy se reconocen como dos entidades distintas, y trastornos depresivos que agudizan en algunos casos los síntomas somáticos.

Según los consensos que definen la enfermedad, los criterios clínicos para identificar el síndrome de fatiga crónica deben ser:

  1. Fatiga crónica persistente al menos seis meses, o intermitente en este período de tiempo, no explicable por un esfuerzo, que no mejora con descanso de al menos 24 h, y que ocasiona una reducción superior al 50% de la actividad que realizaba previamente el individuo.
  2. Exclusión de otros procesos patológicos que pudieran explicar esta fatiga extrema.

Además de estos dos criterios se deben dar cuatro o más de los siguientes síntomas para calificarlo como síndrome de fatiga crónica:

  • Alteración de la memoria y de la concentración.
  • Dolor de garganta.
  • Inflamación dolorosa de ganglios del cuello o axilas.
  • Dolores musculares.
  • Dolores articulares sin inflamación ni rigidez.
  • Cefalea de inicio reciente o diferente a la habitual.
  • Alteraciones del sueño.
  • Malestar de más de 24 h tras un esfuerzo.

En 2015, una revisión internacional resume los criterios en la presencia de fatiga invalidante durante más de seis meses, cansancio extremo tras esfuerzos habituales y descanso no reparador, lo que debe acompañarse de alteración cognitiva (memoria/concentración), o inestabilidad ortostática (mareos, desvanecimientos).

Actualizado: 11 de Mayo de 2017

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'Fuente: 'Informe Una batalla por la salud de todos: El liderazgo de España en la lucha contra el Chagas, del Instituto de Salud Global (ISGlobal)''

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