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Salud al día
Síndrome de piernas inquietas
El SIP es un trastorno neurológico que produce un sinfín de reacciones molestas, sobre todo en las extremidades inferiores, que hace que el afectado no pueda dejar de moverlas. Te damos consejos para controlarlo.
Escrito por Carmen Moreno, Periodista especializada en Salud, Embarazo, Infancia y Tercera Edad
Revisado por Esperanza López, Presidenta de la Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas (AESPI)

Qué es el síndrome de piernas inquietas

Síndrome de piernas inquietas

Los pacientes con SPI tienen hasta 2,5 veces más probabilidades de desarrollar una cardiopatía y de sufrir hipertensión arterial.

Aún existe la idea entre la población de que el síndrome de piernas inquietas (SPI) es una invención. Pero nada más lejos de la realidad. Esta enfermedad, que produce innumerables reacciones molestas, sobre todo en las extremidades inferiores, pone en jaque la salud y calidad de vida de los afectados. Por esta razón es tan importante su diagnóstico y tratamiento inmediato, así como la incorporación de hábitos saludables que ayuden a controlar los síntomas.

¿Qué es el síndrome de piernas inquietas?

El síndrome de piernas inquietas o SPI es un trastorno neurológico que provoca sacudidas, picores, nerviosismo, hormigueo, pinchazos, calor e incluso dolor en las extremidades inferiores cuando la persona se encuentra relajada o en reposo –de hecho, aparece con mayor intensidad durante la noche–, por lo que no puede parar de moverlas.

Las molestias suelen reducirse si se mueven las piernas, por eso la mayoría de los afectados optan por caminar –de ahí que también se conozca a los afectados como andadores nocturnos–. Pero estos síntomas, en grado moderado o severo, conllevan dificultad para conciliar y mantener el sueño, lo que deriva en un agotamiento, dificultad de atención y alteraciones en el estado de ánimo.

Desde la Sociedad Española de Sueño y la Asociación Española del Síndrome de Piernas Inquietas aseguran que las personas afectadas de SPI duermen de media menos de cinco horas al día. No sólo eso, sino que además este descanso es de ínfima calidad, ya que sufren microdespertares que no les permiten descansar adecuadamente por la noche, lo que conlleva que por el día estén excesivamente cansados, tengan dificultades de memoria y concentración, y puedan llegar incluso a sufrir depresión o ansiedad.

Los síntomas diurnos tampoco deben perderse de vista. Nuevos datos revelan que casi siete de cada diez pacientes con SPI también sufren crisis sintomáticas durante el día, que principalmente suelen manifestarse en los momentos de inmovilidad.

A las personas afectadas por el síndrome de piernas inquietas les cuesta permanecer sentados y estar relajados, lo que les impide realizar acciones normales para los demás como conducir, ir a eventos culturales e incluso trabajar.

No obstante, la merma de la calidad de vida no es el único problema que acarrea el SPI. Según un estudio elaborado por la Asociación Española de Síndrome de Piernas Inquietas (AESPI), en colaboración con el Instituto de Investigaciones del Sueño, los pacientes con SPI tienen hasta 2,5 veces más de probabilidades de desarrollar una cardiopatía. Asimismo, el riesgo de hipertensión arterial aumenta también hasta 2,5 veces más frente a la población que no tiene SPI.

Se calcula que este problema afecta a un 10 o 15% de la población mundial de entre 18 y 65 años. En concreto, siete de cada diez afectados son mujeres blancas, con historial familiar de síndrome de piernas inquietas y con antecedentes previos de diabetes, ferropenia, artritis reumatoide o insuficiencia renal.

Actualizado: 19 de Enero de 2017

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Escrito por:

Carmen Moreno

Periodista especializada en Salud, Embarazo, Infancia y Tercera Edad
Carmen Moreno

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Salud en cifras

10%
de la población española sufre dermatitis atópica
'Fuente: 'XII Congreso Mundial de Dermatología Pediátrica y la Asociación Española de Pacientes y Familiares de Dermatitis Atópica’'