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Tercera edad
Cuidar al cuidador
El cuidador de una persona en situación de dependencia asume responsabilidades que alteran su vida y es frecuente que olvide sus propias necesidades, pero cuidar a otro no debe suponer dejar de cuidar de uno mismo.
Escrito por Inma D. Alonso, Periodista experta en salud y bienestar

Problemas que sufre el cuidador de un dependiente

Una mujer madura se sostiene la cabeza con gesto preocupado

Cuidar de una persona dependiente sin ayuda ni descanso puede tener consecuencias graves para la salud, tanto física como psicológica.

Al aceptar la responsabilidad de atender a otros, los cuidadores no profesionales experimentan una serie de alteraciones en su vida que pueden tener consecuencias negativas para ellos. Entre estos cambios se encuentran problemas para compaginar su actividad laboral y los cuidados a la persona en situación de dependencia, lo que repercute directamente en su situación económica ya que es posible que se vea incluso obligado a dejar su trabajo.

También se producen interferencias importantes a nivel social porque –en función del grado de dependencia– el cuidador dispone de poco tiempo libre para dedicarse a sí mismo, al ocio, o a las relaciones sociales, por lo que puede llegar a sentirse aislado y perder el contacto con otros familiares o amigos.

Y, por supuesto, consecuencias físicas y psicológicas. Físicas derivadas del esfuerzo diario que conlleva atender a alguien que, por ejemplo, tiene reducida su movilidad (levantarlo, moverlo, asearlo, etcétera), y psicológicas porque es inevitable que deje una huella emocional el hecho de vivir a diario el deterioro físico o mental de alguien a quien le une un vínculo afectivo.

En este sentido, es muy frecuente que estas personas padezcan lo que se conoce como el síndrome del cuidador. Se trata de un trastorno que afecta tanto a la salud física como psicológica y que se manifiesta a través de una serie de síntomas como:

  • Cefaleas.
  • Dolores articulares y sensación de cansancio crónico.
  • Problemas digestivos, cardiovasculares, e hipertensión.
  • Trastornos del sueño.
  • Ansiedad, sensación de soledad, depresión, sentimiento de culpa e irritabilidad.
  • Descuido de su propio aspecto y salud, e incluso conductas de riesgo como abuso de alcohol o tabaco.

Actualizado: 19 de Febrero de 2016

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