PUBLICIDAD

Tercera edad
Jubilación, cómo afrontarla
El fin de la vida laboral es un respiro para unos, pero para otros puede ser el comienzo de una etapa difícil, donde no se sienten útiles ni valorados. Te aconsejamos cómo adaptarte a la jubilación y sacarle partido.
Escrito por Dra. Vanesa Fernández López, Psicóloga, especialista en emociones

El impacto emocional de la jubilación

Para hacer una correcta valoración de lo que nos espera en la etapa de la jubilación y tener así unas expectativas adecuadas, es importante conocer las consecuencias buenas y malas que pueden depararnos diferentes circunstancias de nuestra vida. Algunos de los efectos secundarios más o menos frecuentes de la jubilación son los que se describen a continuación:

  • Consecuencias negativas: estrés asociado al cambio de hábitos y a la reducción de ingresos económicos, cierta tristeza acompañada de apatía asociada a la melancolía de lo que queda atrás y que en algunos casos puede ser similar a la sintomatología depresiva (soledad, reducción de la autoestima…), sensación de pérdida de valía personal, cambios (generalmente reducción) de las relaciones sociales, desgana producida por el aburrimiento. A estos cambios, en algunos casos se le unen los problemas de salud física lo que hace que, junto a la dificultad para disfrutar de tareas fuera del trabajo, la persona jubilada sienta que no tiene control de su propia vida ni del mundo que le rodea.
  • Consecuencias positivas: llega por fin la tranquilidad y descanso tan deseado y merecido. El mayor tiempo libre permite disfrutar realizando diferentes actividades, dedicar más tiempo a la familia, etcétera. Aumenta el bienestar físico y emocional. Por otro lado, diferentes estudios sostienen que la jubilación aumenta los lazos de unión con la pareja, siempre que ambos miembros ya se llevasen bien antes de la jubilación.

Factores de riesgo para una mala jubilación

Existen algunas variables que pueden aumentar la probabilidad de una mala adaptación a la jubilación:

  • Una actitud negativa y expectativas inadecuadas.
  • La presencia de varios estresores presentes en el momento de jubilarse: problemas de salud, económicos, mala relación de pareja, mala relación con los hijos, personas dependientes a su cargo, etcétera.
  • Que haya sido una jubilación forzada y no anticipada.
  • Tener una baja red de apoyo social y disminución de las relaciones sociales tras la jubilación.
  • La inactividad y falta de tareas en las que ocupar el tiempo.
  • Estar viudo, soltero o divorciado. Las personas casadas se adaptan mejor.
  • Bajo nivel educativo; existe una mejor adaptación cuánto mayor es el nivel educativo.

Actualizado: 3 de Julio de 2017

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD