Tuberculosis
Escrito por Sergio García Escrivá, Licenciado en Farmacia
La tuberculosis es una infección bacteriana, un quebradero de cabeza que lejos de erradicarse es, aún hoy, la segunda enfermedad infecciosa con mayor número de afectados tras el SIDA.

Tratamiento de la tuberculosis

Esta enfermedad infecciosa puede tratarse, pero el tratamiento de la tuberculosis es largo y un tanto complejo. Se basa en la toma de varios antibióticos durante periodos de tiempo nunca inferiores a seis meses. Suelen combinarse dos antibióticos durante los seis meses (isoniazida y rifampicina son los más frecuentes), pero asociando uno o dos antibióticos más durante los primeros dos meses, para que la actuación sobre la bacteria sea más agresiva desde el principio.

Aunque hay tratamientos estándar para la tuberculosis, el médico recetará el que considere más adecuado para cada caso y en la dosis exacta.

Consejos para el seguimiento del tratamiento de tuberculosis

Tratamiento de la tuberculosisEl tratamiento de la tuberculosis es largo y complicado, pero es muy importante tomar la medicación todos los días y durante los meses que el médico indique. Hay mucha gente que, en cuanto nota mejoría, abandona el tratamiento. Muchas de esas personas volverán a desarrollar la enfermedad; y es posible que las nuevas bacterias sean resistentes a los tratamientos convencionales, necesitándose tratamientos menos habituales o complicándolos. La adhesión al tratamiento durante los seis meses supone una curación completa, y disminuye enormemente el riesgo de recaer.

La medicación debe tomarse una vez al día y con el estómago vacío, preferentemente por la mañana, ya que aumenta la absorción, tanto en cantidad como en velocidad, incrementando la efectividad del tratamiento. No se debe ingerir nada hasta una media hora después de tomar la medicación.

A las dos o tres semanas, se considera que el paciente deja de ser infectivo, es decir, existe mucho menor riesgo de que otra persona se contagie por contacto con el paciente. Habitualmente, en este tiempo el paciente es capaz de volver a su rutina diaria.

Generalmente, el tratamiento de la tuberculosis no suele requerir hospitalización. Solo en casos graves, como la diseminación de la enfermedad o que ésta se haya establecido en alguna localización importante (como es el cerebro), es necesario el ingreso hospitalario. Si no hay complicaciones, el paciente puede seguir el tratamiento en casa.

Durante el tratamiento de la tuberculosis, el médico hará pruebas para conocer la evolución de la enfermedad (repetirá el análisis del esputo y la radiografía); así como análisis de sangre. Esto se realiza para conocer el estado de funcionamiento del hígado, ya que algunos de los medicamentos que se emplean con mayor frecuencia para tratar la tuberculosis pueden resultar hepatotóxicos (inducen toxicidad en el hígado). Es uno de los principales efectos adversos, aunque generalmente de carácter leve, y en muchos casos, la causa del abandono del tratamiento antes de tiempo. Molestias estomacales, vómitos, coloración amarilla de la piel, son síntomas de fallo hepático. Es aconsejable no beber alcohol durante el tratamiento. Si estos síntomas aparecen, es preciso consultar con el médico. Si no es posible la consulta, es preferible dejar de tomar la medicación hasta que sea posible contactar con un profesional sanitario.

Otros medicamentos pueden producir alteraciones de la visión (etambutol). Mientras que la rifampicina, uno de los principales antibióticos utilizados, puede teñir los fluidos del cuerpo de color anaranjado (la orina, las lágrimas o el sudor). Esto es absolutamente normal y no se debe interrumpir el tratamiento por ello.

Es conveniente el uso de protección solar durante el tratamiento de la tuberculosis, e incluso cierto tiempo después de haberlo terminado, ya que algunos de estos medicamentos pueden producir fotosensibilidad (mayor sensibilidad a los rayos del sol).

La medicación puede interaccionar con ciertos medicamentos: antiepilépticos, anticoagulantes, antidiabéticos, anticonceptivos orales... disminuyendo su efectividad. Es preciso consultar con el médico o farmacéutico si el paciente está tomando alguno de estos fármacos. La terapia contra el virus del SIDA también puede verse afectada (ver apartado 'La tuberculosis en situaciones especiales').

La isoniacida, otro medicamento frecuente, muy raramente podría interaccionar con algunos alimentos (embutidos, quesos, ciertos pescados...) produciendo enrojecimiento facial, dolor de cabeza o vómitos. Se conoce como flush y, aunque no es grave, sí puede ser muy molesto. Esto puede requerir que se eviten esos alimentos durante el tratamiento de la tuberculosis.

Evolución de la tuberculosis

El tratamiento para la tuberculosis es muy eficaz. El paciente puede notar mejoría en un corto espacio de tiempo, pero no se debe abandonar el tratamiento, ya que completar el ciclo de antibióticos asegura una curación total de la enfermedad. Por ello, la tuberculosis es una enfermedad relativamente fácil de curar y de manejar, ya que al poco tiempo de tomar la medicación, el paciente deja de expulsar bacterias.

Si no es diagnosticada a tiempo, es posible que la tuberculosis deje algunas secuelas en el pulmón, como pequeñas cicatrices, lo que no implica que el tratamiento sea menos efectivo; es decir, que la infección es igualmente erradicada. Sin embargo, el pulmón puede no funcionar tan bien como antes de sufrir la tuberculosis. Por ello, muchas veces el médico solicita una espirometría al final del tratamiento para comprobar el funcionamiento del pulmón una vez que ha sido curada la tuberculosis.

No obstante, es preciso insistir en que, si se toman los antibióticos a tiempo, la tuberculosis se cura completamente, el riesgo de recaída es muy bajo y el paciente puede hacer una vida normal.

 
Actualizado: 21/03/2014

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