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Las manifestaciones nasales, oculares y bronquiales, desencadenadas por la exposición a los antígenos ambientales (polen, ácaros, hongos) son, junto al picor de paladar y oídos, los síntomas de la alergia más característicos.

La dificultad respiratoria y los pitos (sibilancias) en el pecho desencadenados por el llanto, el ejercicio, la risa y los irritantes inespecíficos (humo, contaminación atmosférica, pulverizadores…) son signos inequívocos de la hiperreactividad bronquial (asma).

Las afecciones cutáneas, como la urticaria, ciertas formas de hinchazón de partes blandas (angioedema), y algún tipo de eccema y otras lesiones de la piel, pueden aparecer conjuntamente con los otros cuadros o de manera aislada.

En los apartados que encontrarás a continuación se detallan los órganos y funciones que pueden verse afectados por un cuadro alérgico, con sus síntomas característicos:

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