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Belleza y bienestar
Onicofagia: comerse las uñas
¿Aún te muerdes las uñas? Este feo hábito infantil, se arrastra a veces en la vida adulta haciendo que esas manos descuidadas sean una pésima carta de presentación. Anota estos consejos para dejar atrás la onicofagia.
Escrito por Laura Saiz, Periodista especializada en deporte, belleza y bienestar

Qué es la onicofagia

Onicofagia: morderse las uñas

Aunque el dicho reza que la cara es el espejo del alma, muchas personas aseguran que las manos son como un segundo espejo. El lenguaje corporal hace que las movamos para acompañar lo que decimos, mucho más en ciertas culturales que lo convierten en una seña de identidad propia. Eso hace que sea tan difícil esconder las manos si, por alguna razón, no queremos mostrarlas. Por ejemplo, si tenemos onicofagia.

Detrás de esta complicada palabra de origen griego, ‘onicofagia’, se esconde un hecho tan cotidiano que no es extraño ver a alguien a nuestro alrededor, o quizá a nosotros mismos, hacerlo a diario: morderse las uñas. Se trata de un trastorno al que no por común debamos darle menos importancia, sobre todo cuando los años van pasando y este hábito persiste.

A pesar de que es difícil dar un cálculo preciso sobre el número de personas con onicofagia, debido a que se trata de un trastorno por el que no se consulta al médico y, por lo tanto, no entra en estadísticas más oficiales, se estima que alrededor del 30% de los niños de entre cuatro y 10 años suele morderse las uñas. El origen de este hábito suele ser el de la imitación, ya que en su entorno puede haber varias personas que se muerdan las uñas de manera habitual.

Esta mala costumbre, sin embargo, cuenta con los porcentajes más altos durante la adolescencia, ya que hasta un 50% de los jóvenes suelen comerse las uñas, una cifra que va disminuyendo a partir de los 18 años.

No obstante, la onicofagia no desaparece en la edad adulta; tanto es así que sobre el 15% de la población mayor de 18 años mantiene esta fea costumbre, aunque, en algunos casos, sólo es de manera puntual y cuando se atraviesan algunos momentos vitales más complicados. Además, en la etapa adulta la balanza se inclina claramente hacia el lado masculino, pues suelen ser ellos los que aún conservan este mal hábito al hacerse mayores, mientras que en los niños está repartido al 50%.

Actualizado: 1 de Agosto de 2017

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