Insectos comestibles
A primera vista nos provocan repulsa, pero en determinadas culturas los insectos son un exquisito manjar. No sólo eso, desde la FAO se recomiendan para combatir el hambre por su elevado contenido en proteínas.

Entomofagia, ¿moda o solución al hambre?

Actualizado: 16 de febrero de 2022

Encontrarse una mosca en la sopa no es plato de buen gusto. De hecho, si eso nos ocurre en un restaurante, lo normal será que nos cambien la comida. Sin embargo, cada vez estamos más cerca de que las hormigas fritas, los grillos cubiertos de chocolate o los saltamontes con curry formen parte de nuestra alimentación. No es ciencia ficción, pues lejos de ser solo una curiosa opción para los paladares más atrevidos, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) lleva un tiempo promoviendo este hábito para acabar con el hambre en los países más desfavorecidos, debido, según dicen los expertos, al alto contenido proteico que aportan los insectos.

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La entomofagia, es decir, el consumo de insectos por parte de los seres humanos, se ha convertido ya en una moda imparable en Occidente, aunque se trata de una práctica con largas décadas de tradición en algunos rincones del planeta, principalmente en regiones de Asia, África y América Latina.

Gusanos comestibles

Para que nos hagamos una idea, la ingesta de insectos complementa la dieta de aproximadamente 2.000 millones de personas, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) publicados en su informe ‘La contribución de los insectos a la seguridad alimentaria’. Y es que, como decimos, este hábito ha estado presente en la conducta alimentaria de algunas culturas desde tiempo inmemoriales. Por ejemplo, en México, esta práctica se remonta a la época prehispánica, tal y como documenta el Códice Florentino escrito por Fran Bernandino de Sahagún donde se describen 96 especies de insectos comestibles. Y hoy en día se han contabilizado más de 500 tipos de insectos aptos para el consumo en este país, cifra que asciende hasta las 1.680 especies de parásitos comestibles si hablamos de todo el mundo.

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Un manjar gourmet

Aunque la ingesta de insectos sea una buena solución frente a los periodos de hambruna de algunos países subdesarrollados, es un error pensar que se trata, únicamente, de una alternativa en los momentos de escasez. De hecho, en la mayoría de casos en los que forman parte de la dieta local básica, los insectos se consumen debido a su sabor y no porque no haya otra fuente de alimentación disponible. No obstante, ciertas especies de insectos, como la oruga de la mariposa emperador en África del sur y los huevos de hormiga tejedora en el sureste de Asia pueden alcanzar precios elevados al estar considerados como un exquisito manjar.

Insectos que se comercializan en la Unión Europea

En Europa vamos un poco más retrasados en esto de incluir los insectos en la dieta diaria, pero en enero 2018 el Reglamento (UE) 2015/2283 concluyó que los insectos y sus partes (alas, patas y cabeza) cumplían con los requisitos necesarios para que la Unión Europea los considerase alimentos.

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Desde entonces se han presentado numerosas solicitudes para que algunas de las muchas especies de insectos que pueblan el planeta recibiesen el visto bueno de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) y su comercialización fuese autorizada en los Estados miembros.
De hecho, en mayo de 2021 se aprobó el primer insecto como alimento, el gusano de la harina (Tenebrio molitor). En noviembre del mismo año le llegó el turno a la langosta migratoria (Locusta migratoria). Y en febrero de 2022 se ha autorizado la comercialización del grillo doméstico (Acheta domesticus), que se podrá adquirir congelado, desecado y en polvo como ingrediente, por ejemplo de galletas.

 

Creado: 1 de octubre de 2014

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