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Dieta y nutrición
Cómo comprar leche y lácteos
No sólo de calcio viven los lácteos. Conoce qué nos aportan nutricionalmente la leche y sus derivados, sus múltiples variedades y las claves para elegir con cabeza las más adecuadas para ti y cómo conservarlas.
Escrito por Beatriz Robles, Consultora experta en seguridad alimentaria

Cómo conservar los lácteos en casa correctamente

Productos lácteos en la nevera

La mejor manera de conservar todas las propiedades de los lácteos es en la nevera.

Ya tienes tus productos lácteos en casa y ahora, ¿cómo almacenarlos, en despensa o nevera? En algunos casos está claro cómo conservarlos correctamente: los yogures, las cuajadas, los postres lácteos, los quesos frescos, el queso fundido y las cremas de queso para untar siempre deben conservarse en el frigorífico.

Muy importante: también la leche pasteurizada tiene que conservarse siempre en frío, no importa si la compras en bolsas o en tetra brick. La distinguirás perfectamente porque en el supermercado está en las cámaras refrigeradas.

La gran mayoría de los productos que se conservan en frío tienen una vida útil corta: verás que incluyen fecha de caducidad y debes desecharlos una vez superada, ya que no está garantizada su seguridad (pueden producir patologías).

¿Qué hacemos con los quesos? Los quesos fundidos o las cremas para untar pueden aguantar meses en frío en el mismo envase de venta. En este caso tendrán fecha de consumo preferente y a partir de ese momento pueden perder propiedades (tener sabores, olores o texturas extrañas), pero siguen siendo productos seguros y no suponen un problema para la salud.

Otros quesos no tienen envase (los que se compran enteros o por porciones). Lo recomendable en este caso es mantenerlos en papel parafinado (el papel brillante que dan en la charcutería) para evitar que se sequen al contacto con el aire.

El tipo de queso y su grado de maduración determinará si se tienen que mantener en el frigorífico (los quesos tiernos y semicurados y los quesos madurados por mohos como el cabrales) o pueden estar a temperatura ambiente, siempre que no se superen los 22ºC y preferiblemente dentro de una quesera (quesos curados, viejos y añejos). Si la temperatura ambiente es alta es mejor conservarlos en el frigorífico.

Es recomendable sacarlos de la nevera al menos una hora antes de consumirlos para que la grasa vaya derritiéndose a temperatura ambiente y se puedan apreciar todos los matices del sabor.

Y, en general, no es buena idea congelar el queso: los quesos frescos, los azules y los madurados sufren cambios en su estructura y al descongelarse se desmenuzan. Los quesos magros y los tiernos pueden mantener un poco mejor sus propiedades organolépticas, pero tampoco conseguirás un producto de alta calidad.

Actualizado: 4 de Octubre de 2017

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