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Debido a su origen accidental, se antoja complicado prevenir posibles esguinces. A pesar de ello, siempre favorecerá para este tipo de lesiones mantener una buena calidad articular, así como una correcta disposición del tejido blando con ejercicio físico controlado.

Esto se puede conseguir mediante el calentamiento previo a la realización de actividades deportivas, mantener una actividad física habitual y saludable, y un peso corporal óptimo para evitar sobrecargas articulares nocivas. Tampoco conviene lanzarse a practicar un deporte que no hayamos hecho antes si no hemos entrenado previamente.

El entrenamiento propioceptivo es otro método clave para prevenir la aparición de esguinces. En pocas palabras consiste en preparar el cuerpo, los pies en este caso, trabajando la coordinación y la fuerza, para saber pisar correctamente en función de la superficie en la que nos encontremos para no gastar energía de más ni provocar lesiones en las articulaciones. Es muy útil sobre todo en aquellas personas propensas a sufrir esguinces.

Además, siempre es más fácil evitar esguinces si usamos calzado adecuado, esto es, que se ajusten bien al pie, que lo protejan –que ejerzan la tensión adecuada– si vamos a realizar actividades deportivas de riesgo de este tipo de lesión, y evitar en lo posible el uso de tacones.

Por último, para evitar que un esguince se reproduzca puedes recurrir al uso de ortesis, kinesiotaping o vendadejes neuromusculares, siempre bajo la recomendación previa de tu médico deportivo, fisioterapueuta u osteópata.

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