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Ejercicio y deporte
Alimentación en deportistas profesionales
Antes de afrontar un entrenamiento profesional o una competición deportiva, debemos ajustar nuestra dieta a las necesidades energéticas que requiera la actividad practicada. Averigua cómo hacerlo.
Escrito por Arantza Ruiz de las Heras, Dietista-Nutricionista, Complejo hospitalario de Navarra

Alimentación durante el entrenamiento en deporte profesional

Deportista profesional comiendo

La alimentación es un pilar vital para conseguir los objetivos del deportista profesional.

Cuando hablamos de deportistas profesionales o con una intensidad de ejercicio muy elevada, los principios de la dieta siguen siendo comunes al resto de personas: alimentación variada, equilibrada y completa. Sin embargo, sí hay algunas salvedades que merece la pena comentar, sobre todo porque en estos atletas, el rendimiento y la optimización del ejercicio pasan a jugar un papel primordial, ya que no realizan esta actividad como hobby y dedican muchas horas a entrenar y competir.

De dónde puede obtener energía el deportista profesional

A través de los alimentos, el organismo obtiene los nutrientes primero y, reaccionando con ellos, la energía que necesita después. Un gramo de hidratos de carbono aporta 4 Kcal, que es la medida de energía. En cambio, un gramo de grasas aporta 9 kcal. En el caso de las proteínas, es aconsejable utilizarlas en la formación o mantenimiento de tejidos, y no tanto en obtención de energía.

El excedente de energía que tomamos en cada comida y no utilizamos inmediatamente, se almacena de dos maneras:

  • En forma de hidratos de carbono, llamado glucógeno, en músculo e hígado, pero una muy pequeña cantidad.
  • En forma de grasas en el tejido graso principalmente y en menor cantidad en el resto de órganos.

El tipo de nutriente utilizado como obtención de energía depende de varios factores, entre los que destacan: la alimentación, la condición física previa del deportista, su composición corporal, su sexo, su edad, la climatología, la humedad ambiental, la duración y el tipo de ejercicio que se lleve a cabo.

Si el ejercicio es suave y mantenido, que se denomina aeróbico, se utilizarán sobre todo las reservas grasas.

Si el ejercicio es intenso, se quemará el glucógeno muscular rápidamente y cuando se termine, ya que no hay mucha cantidad, se utilizarán proteínas para ir llegando poco a poco al agotamiento.

Por lo tanto, lo que interesa hacer durante la etapa de entrenamiento es intentar aumentar al máximo las reservas energéticas en forma de glucógeno muscular para que, llegado el caso de necesitarlo en un sprint o en una acción intensa y breve, se pueda disponer de él y no se haya agotado a la primera de cambio.

Durante el entrenamiento habitual se deberá tomar una dieta especialmente rica en hidratos de carbono y adecuada en proteínas y grasa. Veamos en los siguientes apartados de dónde obtenerlos.

Actualizado: 8 de Septiembre de 2016

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