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Mascotas
Miedo a ruidos en los perros
El miedo a los ruidos en los perros, ya sea a truenos, petardos, u otros estruendos, se puede convertir en una fobia que afecte a su salud y bienestar. Te explicamos sus causas, y cómo prevenir o erradicar este problema.
Escrito por Diana Oliver, Periodista especializada en mascotas, maternidad e infancia y vida sana

Causas del miedo a los ruidos en los perros

Miedo a ruidos en los perros

Muchos perros sufren miedo a los ruidos porque su audición está más desarrollada y oyen ciertos sonidos amplificados.

Los perros, al igual que los humanos, pueden sufrir ansiedad, miedo e, incluso, fobias, patologías  que en algunos casos llegan a limitar mucho su calidad de vida. En este sentido, los miedos irracionales y las fobias relacionadas con el ruido pueden tener un impacto muy negativo en la vida del animal, afectando en mayor o menor medida a su nivel de bienestar, en función de la intensidad de su reacción, y de la frecuencia con que sea expuesto al sonido problemático. Lejos de ser una patología que se cure con el tiempo, sus síntomas pueden agravarse, por lo que es recomendable poner remedio cuanto antes, buscando, incluso, la ayuda de un especialista para solucionarlo si fuese necesario. Te contamos cuáles son las causas, las consecuencias, y las posibles soluciones, a las fobias y miedo a los ruidos en los perros.

Causas del miedo a los ruidos en los perros

El miedo irracional a los ruidos en los perros puede tener varias causas, muchas de ellas evitables por parte de sus cuidadores mientras que otras, lamentablemente, ocurren aunque hayamos intentado prevenirlas. Ricardo Luis Bruno, veterinario especialista en Comportamiento Animal, nos explica que “una fobia es un estado exacerbado del miedo, una reacción exagerada ante un estímulo determinado, en general atemorizante”. El experto insiste en que el miedo en sí mismo no es una patología, ya que el miedo es una conducta evolutiva beneficiosa para la supervivencia de las especies, y aclara que, en concreto, el miedo a los ruidos en los perros “no tiene por qué tener su origen en un hecho traumático previo”.

Por su parte, Silvia de la Vega, veterinaria especialista de Etología Veterinaria, recalca que aunque a menudo se utiliza el término ‘fobia’ para simplificar, lo primero que debemos hacer es distinguir entre “problemas de miedo y problemas de fobia”. Según la experta, “una reacción normal podría ser entrar en estado de alerta al percibir un ruido que se sale de lo normal en nuestro entorno”. A través de ese estado de activación o alerta recabamos información sobre lo que está pasando, de manera que nos permita emitir un juicio sobre la situación y elegir, si se requiere, la estrategia de afrontamiento apropiada, lo cual finalmente reduce el estado de alerta hasta el nivel de reposo. “Cuando por algún motivo esa vuelta a la normalidad no sucede, y se alarga en el tiempo el estado de alerta o hipervigilancia, es decir, tardamos en tranquilizarnos, nos queda la percepción de que no hemos podido afrontar bien la situación, por lo que en exposiciones futuras tenderemos a llevarlo peor, y así avanzamos hacia el terreno de la fobia”, explica.

Silvia insiste en que si bien esa separación entre miedo y fobia no siempre es demasiado clara, los animales con fobia normalmente cumplen una serie de requisitos que pueden facilitar el diagnóstico: presentan un elevado nivel de anticipación, reaccionando ante señales que predicen que el evento desagradable va a venir (por ejemplo, un cielo nublado, en el caso de fobia a tormentas); responden de forma muy intensa ante versiones muy ligeras del estímulo que les asusta, y tardan mucho tiempo en volver a la normalidad. Además, la mayoría tiende, con el tiempo, a generalizar su miedo ante estímulos similares o situaciones parecidas a la fóbica (por ejemplo, el lugar donde sucedió la exposición).

No hay una única causa para este paso de la reacción de miedo normal a la fóbica, pero para la etóloga “influyen diversos factores como la predisposición genética a ser sensible a los ruidos, la falta de exposición a esos sonidos en la etapa de cachorro (lo que facilitará una repuesta más exagerada cuando se enfrentan a los sonidos de adultos), la incapacidad para establecer estrategias de afrontamiento, como esconderse, la existencia de un estado de ansiedad generalizada que facilite un nivel de alerta excesivo, o las experiencias traumáticas”.

Además, en algunos casos, la fobia del perro a un ruido puede agravarse o mejorar en función del  comportamiento del dueño. “Muchas veces son los propietarios quienes hacen que se fije esa conducta en el perro al querer contenerlo o reprenderlo por la conducta miedosa. De forma involuntaria, los propietarios refuerzan la conducta temerosa del cachorro ante un estruendo”, explica Ricardo Luis Bruno, que añade que “lo ideal es ignorar el hecho cuando ocurre” de forma que el animal, al ver que no hay ninguna reacción de su entorno, se mantendrá expectante pero calmado. De esta forma, si se repitiera esa situación, “el perro finalmente se habituará a dicho estímulo y no se transformará en una fobia a los ruidos”. Comparte la misma opinión Silvia, quien añade que “la falta de previsión para consultar a su veterinario, y actitudes como regañar al animal por mostrarse nervioso durante el evento fóbico, o exponerle forzadamente ante lo que le asusta, pueden empeorar el problema”.

Actualizado: 10 de Noviembre de 2017

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Escrito por:

Diana Oliver

Periodista especializada en mascotas, maternidad e infancia y vida sana
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'Fuente: 'Portal inmobiliario Idealista’ '