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Mente y emociones
Síndrome de Wendy
El síndrome de Wendy se refiere a la necesidad de satisfacer y colmar de deseos a otra persona –normalmente la pareja o los hijos–, dejando los propios en un segundo plano, con los problemas que eso conlleva…
Escrito por Dra. Vanesa Fernández López, Psicóloga, especialista en emociones

Causas del síndrome de Wendy

El miedo al rechazo o abandono es la principal causa que, en interacción con otras variables (ser mujer, influencias culturales, estilo educativo, rasgos de personalidad, etcétera) puede dar lugar al síndrome de Wendy. Este miedo irracional y con características patológicas hace que de forma compulsiva cumplan los deseos de los otros asumiendo las responsabilidades de la otra persona y sobrecargándose ellas mismas, por lo que, aunque ellas generalmente lo desconocen, lo cierto es que son mujeres fuertes y con una gran capacidad para tolerar la frustración. Sin embargo, estas dos características tan comúnmente deseables las manejan en su contra.

Las influencias culturales o un estilo educativo en el que se realza la figura de la mujer como cuidadora y responsable de las cargas familiares pueden aumentar la probabilidad de que se padezca ese síndrome, ya que se fomenta la idea de la mujer como encargada del cuidado y bienestar de los otros.

Por otro lado, rasgos de personalidad como la baja autoestima o la introversión, unidos a la necesidad de afecto son otros de los principales motivos que dan lugar a este problema.

Consecuencias del síndrome de Wendy

El síndrome de Wendy es difícil de detectar, ya que todavía en muchos contextos la conducta que lleva a cabo la mujer que lo padece es la considerada como la deseable. Por ello, se debe tener en cuenta la influencia de la cultura para considerar este comportamiento como un trastorno o no. Sin embargo, con independencia de que estos comportamientos sean considerados como un síndrome o como lo esperable, lo cierto es que “vivir así” trae consigo una serie de consecuencias negativas a nivel emocional y de pareja:

  • Tristeza y soledad: estas personas acaban por sentirse solas, sin nada que las satisfaga. Además, pocas veces se da las gracias por algo que ellas mismas hacen que se considere como “un derecho”.
  • Depresión y trastornos de ansiedad: sentir que no llegan a todo lo que se proponen unido a la falta de refuerzo por el entorno que le rodean puede dar lugar a problemas emocionales.
  • Burnout (estar quemado): este síndrome, comúnmente asociado al ámbito laboral, también puede aparecer aquí por la incompatibilidad y ambigüedad de tareas, falta de tiempo para sí misma, etcétera. Esto hace que se sientan agotadas y al límite de sus posibilidades.
  • Problemas de pareja: el síndrome hace imposible el principio de equidad en la pareja a partir del que ambos miembros son iguales a la hora de asumir responsabilidades.

Actualizado: 20 de Junio de 2017

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