Abusar de la fructosa puede promover la aparición de hígado graso

Tomar grandes cantidades de fructosa, como por ejemplo la incluida en alimentos procesados bajo el nombre de jarabe de maíz, podría aumentar la permeabilidad del intestino, incrementando el riesgo de padecer hígado graso no alcohólico.
Escrito por: Natalia Castejón

25/08/2020

Bebida edulcorada con fructosa

La fructosa es un edulcorante que se encuentra de manera natural en las frutas, pero que también suele emplearse en alimentos procesados como productos horneados o refrescos bajo el nombre, por ejemplo, de jarabe de maíz. Ahora, un estudio ha demostrado que abusar de su consumo podría alterar la barrera protectora del intestino haciendo que exista un mayor riesgo de desarrollar esteatosis hepática o hígado graso no alcohólico.

Los investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (EE.UU.) han dado a conocer que la fructosa daña el hígado cuando ha llegado al intestino, pues es en este punto en el que el azúcar altera la barrera epitelial que se encarga de proteger los órganos internos de las toxinas bacterianas presentes en el intestino. Los ensayos, que se han publicado en la revista Nature Metabolism, fueron realizados con ratones.

Se sabe que la fructosa es dos o tres veces más potente que la glucosa de cara a aumentar la grasa del hígado, algo que predispone a padecer hígado graso

Para entenderlo mejor, hay que saber que la fructosa sufre su proceso de degradación en el tracto digestivo gracias a una enzima llamada fructoquinasa, que es generada por el intestino y el hígado. Los investigadores encontraron que someter al metabolismo a grandes cantidades de fructosa en el intestino reducía la producción de las proteínas que protegen la barrera intestinal, dejando la puerta abierta a bacterias y agentes microbianos.

Más citocinas inflamatorias y depósitos de ácidos grasos

Los ratones del estudio fueron sometidos a dietas ricas en fructosa y grasas y los hallazgos indicaron que las endotoxinas filtradas por el intestino que acababan en el hígado causaban una mayor producción de citocinas inflamatorias, a la vez que estimulaban la conversión de fructosa y glucosa en depósitos de ácidos grasos, lo que hacía más probable el desarrollo de esteatosis hepática.

Según ha explicado Michael Karin, autor principal del estudio, se sabe que la fructosa es dos o tres veces más potente que la glucosa de cara a aumentar la grasa del hígado, algo que predispone a padecer hígado graso. Además, destaca que la enfermedad del hígado graso no alcohólico puede derivar en problemas más graves, como cáncer de hígado, cirrosis, insuficiencia hepática, o incluso la muerte, por lo que estos resultados podrían ayudar a prevenir más casos de esteatosis hepática.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD